Columna Olor A Dinero
Feliciano J. Espriella
El celular como billetera: por qué México debe acelerar su paso hacia la economía digital
Viernes 30 de octubre de 2026
México necesita acelerar su transición hacia los pagos digitales, pero hacerlo sin excluir a millones de ciudadanos que todavía carecen de conectividad y servicios financieros. Entre las exageraciones de la oposición y los riesgos de una modernización impuesta, el verdadero desafío es conseguir que la tecnología beneficie a todos.
El Senado aprobó recientemente la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, una reforma que puede representar un avance importante en la modernización financiera de México. Su propósito es reducir la dependencia del efectivo y facilitar que millones de ciudadanos paguen sus compras y servicios desde un teléfono celular.
La iniciativa merece respaldo. Pero también exige una discusión seria, alejada tanto del alarmismo partidista como del entusiasmo ingenuo.
Conviene aclararlo: la reforma no elimina de manera general los billetes y monedas. Sin embargo, contempla facultades para establecer sectores donde los pagos digitales sean obligatorios, así como excepciones ante contingencias tecnológicas. No significa la desaparición inmediata del efectivo, pero tampoco una simple invitación voluntaria a modernizarse.
México frente al mundo
Pagar con el celular no es un experimento futurista. En numerosas economías constituye una práctica cotidiana que ha transformado las relaciones entre consumidores, comercios y bancos.
Según estimaciones obtenidas mediante una consulta a Gemini, la herramienta de inteligencia artificial de Google, el panorama internacional resulta revelador:
China: alrededor de 1,100 millones de personas, equivalentes al 78% de su población, utilizan aplicaciones como Alipay y WeChat Pay.
Brasil: cerca de 160 millones de habitantes, aproximadamente el 75%, utilizan sistemas de pagos digitales como Pix.
Estados Unidos: unos 120 millones de personas, equivalentes al 35% de la población, realizan habitualmente pagos mediante dispositivos móviles.
México: apenas entre el 24% y el 30% de la población, menos de 40 millones de personas, utiliza medios de pago digitales.
Aunque estas estimaciones responden a metodologías posiblemente distintas y no constituyen una comparación estadística estrictamente homogénea, ilustran la distancia que separa a México de economías donde los pagos electrónicos han alcanzado una penetración considerablemente mayor.
Y esa distancia no es solamente tecnológica: también refleja diferencias en infraestructura, inclusión financiera y competitividad económica.
Lo que ganan ciudadanos y negocios
Para el consumidor, pagar mediante un código QR o una aplicación significa rapidez, comodidad y menor necesidad de transportar efectivo. Para los pequeños comerciantes, los cobros digitales facilitan el registro de ingresos, mejoran la administración y pueden abrir oportunidades de financiamiento.
Pero sería irresponsable ignorar los obstáculos. Millones de mexicanos enfrentan problemas de conectividad, carecen de cuentas bancarias o encuentran difíciles los procedimientos digitales. Las comisiones, los fraudes electrónicos y la protección de datos personales también requieren atención.
Una modernización que excluya a los más vulnerables sería una contradicción. La inclusión financiera debe ser el objetivo, no una consigna publicitaria.
La política y sus exageraciones
Como suele ocurrir, una discusión que debería concentrarse en soluciones terminó contaminada por la confrontación partidista.
Algunos opositores presentan la reforma como si mañana fueran a desaparecer los billetes. Es una exageración que distorsiona su alcance y alimenta temores innecesarios.
Pero tampoco resulta válido descalificar todas las objeciones como producto de la ignorancia. La facultad para establecer sectores de pago exclusivamente digital merece vigilancia, reglas transparentes y garantías contra decisiones arbitrarias.
La oposición haría mejor en exigir conectividad, menores comisiones y protección para pequeños negocios, en lugar de convertir cada innovación en una supuesta conspiración gubernamental.
Y el gobierno debe entender que modernizar no significa imponer tecnologías sin preparar las condiciones para utilizarlas.
México no puede seguir defendiendo el carruaje mientras el mundo utiliza el automóvil. Pero tampoco puede obligar a todos a conducir cuando todavía hay comunidades sin caminos.
El verdadero desafío no consiste en sustituir los billetes por teléfonos, sino en conseguir que la tecnología sirva a todos los mexicanos y no solamente a quienes ya están conectados.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
NOTA: Como lo comenté anteriormente, no voy a necesitar “hilo”, y en esta ocasión, además de la versión “tráiler” (50 segundos), voy a necesitar un texto como de 400 palabras para comunicar de manera oral el contenido de la columna
