¿Quién perdió más en Brasil, Bolsonaro o Trump?

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

¿Quién perdió más en Brasil, Bolsonaro o Trump?

Martes 27 de octubre de 2026

¿Quién perdió más en Brasil, Bolsonaro o Trump? Flávio Bolsonaro pierde la elección; Trump recibe un revés estratégico. La victoria de Lula abre para México una oportunidad de fortalecer su posición regional.

Flávio Bolsonaro perdió la elección presidencial de Brasil. Pero Donald Trump también tiene motivos para revisar las cuentas. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva rebasa las fronteras brasileñas: frena al bolsonarismo, mantiene a la mayor economía latinoamericana bajo un gobierno de izquierda y abre una oportunidad para fortalecer la coordinación con México.

Mi lectura es esta: Bolsonaro sufrió la derrota electoral; Trump recibió un revés estratégico. El primero se quedó sin la Presidencia. El segundo, sin la posibilidad de contar con un gobierno ideológicamente cercano en un país decisivo para el equilibrio regional.

No son pérdidas equivalentes. Tampoco puede medirse todavía todo su alcance. Pero sería un error analizar esta elección como un asunto exclusivamente brasileño.

El eje México-Brasil

Un triunfo de Flávio Bolsonaro habría favorecido la convergencia política entre Washington y Brasilia. Para México, eso habría significado un entorno regional menos favorable frente a las presiones diplomáticas y económicas de Estados Unidos.

La continuidad de Lula modifica ese escenario. No elimina las diferencias entre México y Brasil ni convierte automáticamente a sus gobiernos en un bloque. Sí mantiene abierta la posibilidad de coordinar posiciones en comercio, desarrollo, cooperación y defensa de la soberanía.

Conviene distinguir la oportunidad del resultado. Tener afinidad política facilita el diálogo; construir una estrategia común exige acuerdos, prioridades y voluntad para sostenerlos.

México y Brasil son las dos mayores economías de América Latina. Su capacidad de interlocución conjunta puede ser considerable. Pero el peso económico solo se convierte en influencia política cuando existe coordinación. De poco sirve presumir el tamaño de la mesa si cada quien termina negociando por separado.

Una remontada que cuenta

Lula llegó a la segunda vuelta después de quedar detrás de Flávio Bolsonaro por más de dos millones de votos. Terminó ganando con 64.26 millones de sufragios, frente a 59.83 millones de su adversario: una ventaja de aproximadamente 4.43 millones.

La remontada merece atención. Demuestra que la ventaja de la primera vuelta no aseguraba el desenlace y que todavía existía un electorado capaz de modificar la correlación de fuerzas.

La participación también ofrece una pista: la abstención descendió respecto de la primera vuelta. Sin embargo, atribuir toda la victoria a una campaña digital, a la movilización territorial o a un solo sector social exigiría un análisis más detallado. Las elecciones suelen tener más de una explicación, aunque los propagandistas prefieran venderlas en presentación individual.

¿Se acabó la ola de derecha?

No hay elementos para anunciarlo. Una elección, por importante que sea, no determina por sí sola una tendencia mundial.

La derrota del candidato bolsonarista tampoco significa que desaparezcan sus votantes, su organización o su capacidad de influir. Casi 60 millones de sufragios obligan a tomar en serio la fuerza política que conserva.

Lo que sí permite afirmar el resultado es que el avance de la derecha puede ser contenido. Brasil ofrece un caso concreto. Convertirlo en certificado de defunción de la ultraderecha sería confundir un triunfo con una garantía permanente.

Quién perdió más

Sostengo que Trump perdió más en términos estratégicos: se frustró la posibilidad de una mayor convergencia ideológica con Brasil. Eso no significa que Washington pierda su influencia ni que Lula vaya a encabezar un frente contra Estados Unidos.

Para México, el beneficio potencial está en tres terrenos: contar con un interlocutor regional afín, ampliar las posibilidades de cooperación y fortalecer posiciones compartidas cuando los intereses coincidan.

Nada de eso ocurre por decreto ni por simpatía. Habrá que trabajarlo.

Bolsonaro perdió los votos necesarios para gobernar. Trump perdió una oportunidad de ampliar su influencia política regional. México, mientras tanto, conserva una oportunidad que haría bien en aprovechar.

Las urnas estuvieron en Brasil. Las consecuencias también llegan a Washington. Y aunque Trump no aparecía en la boleta, bien puede darse por aludido.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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