Columna Olor A Dinero
Feliciano J. Espriella
Demagogia, estupidez y otras habilidades legislativas
Jueves 22 de octubre de 2026
Hay respuestas demagógicas y respuestas estúpidas. Las primeras buscan conquistar aplausos manipulando emociones y ofreciendo argumentos que difícilmente resistirían un encuentro con la realidad. Las segundas exhiben una alarmante ausencia de lógica, juicio o sentido común.
Personalmente, considero que toda respuesta demagógica tiene algo de estúpida, aunque no toda estupidez alcanza la categoría de demagogia. Algunas son simplemente naturales, espontáneas y, por desgracia, incurables.
Distinguirlas no siempre es fácil, especialmente cuando provienen de políticos profesionales.
Hace tiempo, durante una reunión con periodistas, el senador Manlio Fabio Beltrones me obsequió una auténtica joya del disparate.
Entonces contendía por un escaño que terminaría perdiendo. Le señalé que Xóchitl Gálvez, al prometer reducir a 60 años la edad para recibir la pensión de adultos mayores, estaba recurriendo al mismo populismo que tanto criticaban.
Su respuesta merecía una diana.
Según Beltrones, se trataba de hacer justicia a los mexicanos porque Andrés Manuel López Obrador les había quitado cuatro años de vida.
¡Extraordinario! Resulta que el expresidente no solamente gobernaba México: también administraba nuestro calendario biológico.
El senador aludía a la reducción de la esperanza de vida registrada a consecuencia de la pandemia, fenómeno estadístico que afectó a numerosos países. Pero convertir ese indicador poblacional en cuatro años de vida arrebatados personalmente a cada mexicano requiere una imaginación que la ciencia todavía no consigue explicar.
Estuve tentado a preguntarle si él, los periodistas presentes y yo moriríamos cuatro años antes por culpa de López Obrador.
Me abstuve. El invitado ya había mostrado poca tolerancia ante otro señalamiento y no quise provocar un cortocircuito. Aquello era una reunión informativa, no una prueba de resistencia de fusibles.
Recordé el episodio al encontrar referencias a una publicación de Beltrones en X, aparentemente eliminada después, relacionada con declaraciones de Arlene Cabral, vocal ejecutiva de la Junta Local del INE en Sonora, durante una reunión de nuestra mesa periodística Kiosco Mayor.
Cabral explicó que la asignación de diputaciones plurinominales se realizó conforme a la legislación vigente, que establece criterios de distribución y límites de sobrerrepresentación por partido. También señaló que cualquier modificación de esas reglas corresponde al Poder Legislativo.
Una explicación jurídica bastante elemental. Aunque, por lo visto, para algunos políticos experimentados las leyes tienen una peculiaridad fascinante: son perfectamente válidas hasta que dejan de convenirles.
En el mensaje publicado en X (Twitter) atribuido a Beltrones se afirmaba:
“Morena obtuvo el 40.1% de la votación y, junto a sus dos aliados en la coalición alcanzaron el 54% de los votos de la elección, y el INE les otorgó el 74% de las curules. 19 puntos de diferencia entre votos y curules. ¿Cómo se llama eso?”
Y el propio senador respondía, con solemnidad de maestro revelando un descubrimiento científico:
“Se llama sobrerrepresentación”.
¡Caramba! Hasta la resta salió perjudicada: entre 54 y 74 hay veinte puntos, no diecinueve.
Pero el problema de fondo es otro. Una diferencia entre porcentajes de votos y curules no demuestra, por sí sola, que se hayan violado los límites constitucionales de sobrerrepresentación. Para eso hay que examinar las reglas de asignación, su aplicación por partido y los criterios legales correspondientes.
Beltrones, con su trayectoria legislativa, difícilmente puede ignorar esa distinción.
Más aún cuando se trata de disposiciones cuya historia legislativa conoce de primera mano y que, según sostengo, fueron impulsadas también por su propio partido junto con el PAN.
Mañana explicaré el asunto con peras y manzanas, incluyendo lo que establece la legislación vigente.
Porque salir ahora con que “a Chuchita la bolsearon” puede servir para arrancar aplausos entre los distraídos, pero no sustituye un argumento jurídico.
Y cuando un político veterano confunde deliberadamente la consigna con la ley, uno termina preguntándose si estamos ante una respuesta demagógica, una estúpida o una oferta de dos por el precio de una.
Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
