Un villano y dos difuntos

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

Un villano y dos difuntos

Viernes 31 de julio de 2026

La detención de Ernesto Ruffo Appel, primer gobernador de oposición en la historia reciente de México sacude al PAN y a Somos México, dos proyectos políticos que ya enfrentaban su propio desgaste. Entre acusaciones de huachicol y defensas poco convincentes, la oposición pierde no solo a una de sus figuras fundadoras, sino buena parte del terreno moral desde el que solía atacar al oficialismo.

En la política mexicana, como en las malas novelas de suspenso, la realidad siempre termina por escupirle en la cara a la ficción. Hace unos días asistimos al entierro —con cuerpo presente y poca dignidad— de dos proyectos políticos que prometían salvar a la patria y terminaron ahogados en un tanque de combustible robado. El protagonista, o más bien el “villano” de esta tragicomedia, es Ernesto Ruffo Appel, aquel que alguna vez fue el póster de la democracia por ser el primer gobernador de oposición y que hoy ha sido detenido al más puro estilo de Al Capone: no por sus discursos, sino por sus cuentas con la hacienda pública.

La detención de Ruffo no es solo un arresto; es un torpedo que impacta directamente en la línea de flotación de dos buques que ya hacían agua: el PAN y ese invento de “sociedad civil” llamado Somos México. El golpe es tan poético como brutal. Mientras la oposición se desgarraba las vestiduras gritando “narcogobierno” en cada micrófono disponible, resulta que tenían a un presunto líder huachicolero presuntamente financiando sus campañas y moviendo sus hilos. Es difícil sostener la bandera de la moralidad cuando tu mecenas está enfrentando cargos en Almoloya por presuntamente meter combustible ilegal al país.

Hablemos del primer difunto: el PAN. Su actual dirigente, Jorge Romero, ha dado una exhibición de equilibrismo mental digna de un circo de bajo presupuesto. Su defensa de Ruffo es un insulto a la inteligencia básica: argumentar que Ruffo no es el dueño mayoritario de la empresa investigada porque “solo” tiene el 49% es como decir que alguien no es responsable de un incendio porque solo puso la gasolina y no el fósforo. El PAN hoy es un partido incapaz de defender a los suyos porque su armario está tan lleno de cadáveres políticos que ya no cierra la puerta.

El segundo difunto es Somos México, ese partido “rosita” que nació con aires de pureza ciudadana bajo el ala de Claudio X. González. Es un récord difícil de superar en materia de mala suerte política: uno de sus fundadores enfrenta ya un proceso judicial antes de que el partido lograra consolidarse en el poder. Ver a personajes como Emilio Álvarez Icaza gritando que Ruffo es un “preso político” es el toque de humor negro que le faltaba a la semana. ¿Preso político alguien que lleva un año bajo investigación por presuntas discrepancias fiscales en contenedores de Coahuila? Como bien dijo Javier Lozano en su columna, en una frase que hoy suena a profecía: “la mierda siempre brota”.

Mientras la oposición se hunde en su propia “mezcla putrefacta” de ambición económica y política, la presidenta Claudia Sheinbaum cierra la semana sentada con los líderes de América del Norte, con el control de la narrativa y un golpe político a su favor. La oposición no solo perdió a un líder; perdió, por ahora, el margen para hablar de seguridad sin que alguien le mencione el caso de su fundador.

Este caso es el ejemplo perfecto de cómo los negocios privados disfrazados de servicio público terminan por sepultar las aspiraciones de cualquier grupo. Ruffo enfrenta ahora su propio proceso judicial y, en su caída, arrastra consigo la poca credibilidad que le quedaba a una oposición que hoy vaga como un fantasma por el escenario político.

Como cada viernes, la conversación continúa en radio. Los invito a sintonizar La Caliente 90.7 FM a las 6:10 de la mañana, donde en el espacio informativo de José Ángel Partida estaremos analizando a fondo este tema que hoy pongo sobre la mesa. Los espero.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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