SOMOS: la prueba de la ciudadanización

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

SOMOS: la prueba de la ciudadanización

Jueves 24 de septiembre de 2026

En la reunión del grupo de periodistas Kiosco Mayor celebrada el pasado 14 de septiembre, el doctor Manuel Valenzuela Valenzuela, presidente estatal de SOMOS, presentó al partido de reciente creación como una alternativa opositora que pretende abrir cauce a ciudadanos desencantados de las organizaciones tradicionales.

Valenzuela sostuvo que SOMOS no busca simplemente fragmentar el voto opositor, sino participar en la recuperación de los contrapesos institucionales, la división de poderes y lo que considera una democracia constitucional debilitada.

Pero durante la conversación apareció una pregunta inevitable: ¿qué tan ciudadano puede ser un partido encabezado también por personajes con una larga trayectoria política?

Ahí está quizá una de las principales pruebas que enfrentará SOMOS.

La etiqueta ciudadana bajo la lupa

Ante el cuestionamiento sobre la presencia de políticos experimentados en una organización que reivindica su origen ciudadano, Valenzuela rechazó que pueda hablarse simplemente de una cúpula integrada por políticos tradicionales.

Su argumento fue interesante.

Recordó que política, en su concepción original, significa ocuparse del interés y la gestión de los asuntos públicos. El problema, reconoció, es que décadas de abusos, corrupción y malas prácticas terminaron convirtiendo la palabra “político” casi en un calificativo peyorativo para buena parte de la sociedad.

Y entonces aparecieron los nombres.

En la estructura nacional de SOMOS participan personajes con trayectorias ampliamente conocidas: Guadalupe Acosta Naranjo, proveniente del PRD y posteriormente vinculado a la llamada Marea Rosa; Emilio Álvarez Icaza, exsenador y exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; Edmundo Jacobo Molina, durante años secretario ejecutivo del IFE y posteriormente del INE; además de Lorenzo Córdova, expresidente del Consejo General del INE, dentro de su Consejo Consultivo.

No son precisamente recién llegados a la vida pública.

Eso tampoco los descalifica automáticamente.

La experiencia política puede representar conocimiento institucional, capacidad de organización y comprensión del Estado. El verdadero asunto será determinar para qué se utiliza esa experiencia.

Valenzuela resumió el criterio de admisión con una expresión muy mexicana: pueden incorporarse políticos, siempre y cuando “no tengan cola que les pisen”.

Es decir, trayectoria pública sin expedientes de corrupción.

El INE y la primera prueba electoral

Otro de los temas abordados fue la defensa del Instituto Nacional Electoral.

Para Valenzuela, uno de los mayores avances de la transición democrática mexicana consistió precisamente en retirar al gobierno el control directo de la organización de las elecciones y depositarlo en instituciones electorales autónomas.

Su posición resulta comprensible considerando el origen político del nuevo partido, vinculado en buena medida con organizaciones y personajes que participaron en las movilizaciones de la llamada Marea Rosa.

Pero el verdadero examen de SOMOS no estará en los discursos, sino en las urnas.

Como partido de nueva creación, la legislación le impide celebrar coaliciones antes de concluir su primera elección federal o local posterior al registro. Tendrá, por tanto, que demostrar cuánto pesa realmente por sí mismo.

En Sonora aparece además una circunstancia peculiar.

El propio Valenzuela ha señalado públicamente la posibilidad de no presentar candidato a gobernador si consideran que hacerlo pudiera fragmentar el voto opositor frente a un perfil como Antonio “Toño” Astiazarán.

La decisión tendrá implicaciones estratégicas, pero SOMOS enfrenta simultáneamente otra necesidad elemental: obtener la votación federal requerida para conservar su registro.

Y ahí las declaraciones sirven de poco.

Llegarán las candidaturas, las campañas y, finalmente, los votos.

Será entonces cuando pueda medirse si detrás de la etiqueta ciudadana existe efectivamente una nueva forma de participación política o solamente una reorganización de cuadros provenientes de experiencias anteriores.

Porque incorporar políticos experimentados no convierte automáticamente a un partido en una organización de políticos reciclados.

Pero llamarse ciudadano tampoco convierte automáticamente a un partido en ciudadano.

La diferencia solamente podrá demostrarla con hechos.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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