Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
¿De qué sabor la nieve?
Viernes 11 de septiembre de 2026
EN AQUEL OCTUBRE del 2021, a un mes de ser alcalde, Toño Astiazarán solicitó al presidente López Obrador recursos por los seis mil millones de pesos para un programa masivo de pavimentación y rescate de las calles de Hermosillo.
En su mañanera, López Obrador se rio sarcásticamente mofándose de la propuesta y tachándola de exagerada refiriéndose a que el presupuesto del municipio rondaba los cuatro o cinco mmdp y dijo: “casi, casi está como para que yo le mande a decir ¿y de qué quieres tu nieve?’”. Una frase incómoda que quedó grabada en la memoria política de los hermosillenses.
Aquel revés mediático y la negativa de la federación para soltar una partida de esa magnitud marcaron un punto de inflexión. Toño y su equipo ya no pidieron recursos extraordinarios masivos y replantearon por completo su estrategia financiera, de recaudación y apostaron a los recursos propios.
Irónicamente, ese “¡y de qué quieres tu nieve!” que en su momento pareció un portazo presupuestal, terminó siendo el detonante para que cinco años después el municipio construyera obras por el orden de los tres mil millones de pesos con recursos directamente del ciudadano. Pero no solo eso, hoy el presupuesto anual de la capital sonorense se incrementó de aquella cifra en alrededor de diez mil millones de pesos.
En un país con dos mil 400 ayuntamientos, donde el 89% de los municipios sobreviven atrapados en la dependencia federal —con administraciones maniatadas que destinan todo a la nómina y viven de limosnas presupuestales—, romper la inercia parecía una utopía.
Sin embargo, mientras los gigantes metropolitanos del país (como Zapopan, Querétaro, Monterrey o San Pedro Garza García) dominaban históricamente la recaudación fiscal con miles de millones propios, Hermosillo decidió rediseñar su propia ruta de autonomía y se fue incrustando en los rankins.
Con la reciente inauguración de infraestructura magna como el Cárcamo H Cerro Colorado —más de 213 millones de pesos de recursos 100% municipales beneficiando a 212 colonias—, el gobierno de Toño Astiazarán no solo ha demostrado que se podía gobernar sin depender del presupuesto federal discrecional, sino que pulverizó la narrativa de la escasez que tanto usan los gobernantes de la 4T.
A través de una eficiencia recaudatoria que hoy ubica a la capital sonorense sólidamente en el Top 20 nacional de recaudación de impuestos propios (destacando entre las mejores capitales del país en el cobro de predial) y escalando a los primeros sitios de competitividad según el IMCO, el municipio demostró que se podía gobernar sin pedir permiso y sin endeudamiento suicida.
¿Cómo se logró el milagro fiscal en una tierra históricamente renuente al pago de impuestos? La clave no fue una voracidad recaudatoria improvisada, sino la reconstrucción de la confianza entre ciudadano y gobierno.
Modernizar el catastro, digitalizar trámites, eficientar el cobro del predial y transparentar el destino de cada peso demostró que el contribuyente hermosillense responde cuando ve obra tangible en su calle. La capital de Sonora figura como un caso de estudio atípico de autonomía financiera frente al resto de los municipios del país.
No se trató de exprimir al ciudadano con nuevos impuestos, sino de cerrar las fugas de la corrupción y administrar con rigor empresarial. Tan es así que hay dos ingredientes que dañan toda imagen: los escándalos, personales o del mismo Ayuntamiento y las observaciones de los diferentes órganos fiscalizadores que en el caso de Hermosillo ha sido prácticamente cero.
Durante su primera gestión trienal, (2021-2024), el Ayuntamiento cerró con un monto récord de aproximadamente mil 828 millones de pesos invertidos en obra pública con recursos propios y planeación financiera local.
Sentó las bases para el rescate financiero del municipio, comenzando con la pavimentación masiva mediante bacheo intensivo, la modernización de la flotilla de recolección de basura, implementación de patrullas eléctricas y los primeros grandes paquetes de infraestructura vial y rescate de espacios públicos.
Durante el segundo, del 2024 a la fecha, en tan solo su primer año reportó inversiones que superaron los mil 100 millones de pesos destinados a infraestructura, seguridad y tecnología sustentable. El Paso a Desnivel de Solidaridad y Colosio (412 millones de pesos) y el recién inaugurado Cárcamo deportivo son parte de las obras macro para fortalecer la movilidad compleja y macroproyectos hidráulico-deportivos con lana del pueblo bueno y sabio como decía López Obrador.
Mientras en Hermosillo la apuesta fue sanear las finanzas internas y exprimir con inteligencia la recaudación local para fondear obra pública directa, en otros rincones de Sonora –Caborca, Nogales, Agua Prieta, Cajeme, Navojoa–, se optó por el camino opuesto, exhibiendo dos realidades completamente distintas en la administración municipal.
Por un lado, el costo de la ineficiencia, los pasivos ocultos y la falta de planeación se paga comprometiendo las participaciones federales de las próximas administraciones, dejando el patrimonio municipal a merced de contratos leoninos mientras en Hermosillo la infraestructura monumental se queda en el inventario directo de la ciudad, operada con suficiencia propia, con finanzas sanas y sin heredarle deudas impagables a las siguientes generaciones.
Por el otro, los gobiernos municipales adolecen de una autonomía financiera porque no cuentan con disciplina presupuestal y capacidad de gestión que vale más que mil solicitudes de auxilio o caprichos centralistas.
A final de cuentas, gobernar con autonomía financiera no es un mero ejercicio contable ni una fría estadística de recaudación; se trata de recuperar la dignidad institucional y la tranquilidad de las familias.
Cuando un municipio demuestra que el dinero rinde, que no hay sobresaltos de corrupción y que cada peso del predial se traduce en obras de provecho, la relación entre gobernante y ciudadano cambia radicalmente. Se rompe el círculo vicioso de la queja y se inaugura una era de corresponsabilidad donde la obra pública deja de ser un favor político para convertirse en un derecho cumplido.
Aquella icónica mofa presidencial terminó siendo, sin proponérselo, el mejor incentivo político y administrativo. Hoy, la respuesta a la pregunta del sabor de la nieve se puede ver en las obras ejecutadas con orden fiscal y con los recursos propios de los hermosillenses.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.
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