Columna Olor A Dinero

r4
r4
6 Min Read

Feliciano J. Espriella

Célida y la cuesta arriba rumbo a Palacio de Gobierno

Viernes 22 de mayo de 2026

La secretaria estatal busca posicionarse como aspirante competitiva rumbo a 2027, pero arrastra negativos políticos, dudas internas y una carrera donde, por ahora, otros perfiles parecen llevar ventaja.

La sucesión en Sonora comenzó mucho antes de lo que oficialmente admite Morena. Y esta semana quedó más claro que nunca con la intensa exposición mediática de Célida López Cárdenas, quien prácticamente entró en modo precampaña al reunirse con diversos grupos de periodistas, ante quienes refrendó sin rodeos sus aspiraciones de contender por la gubernatura.

No es casualidad.

La actual titular de Sagarhpa sabe perfectamente que, en política, quien desaparece del radar mediático deja de existir. Y por eso decidió acelerar presencia, entrevistas, posicionamiento y difusión de encuestas que —según ella— la colocan encabezando preferencias rumbo al 2027.

El problema es que varias de esas mediciones generan más dudas que certezas.

Porque una cosa es construir narrativa y otra muy distinta consolidar viabilidad política real.

Célida asegura haberse medido con una encuesta profesional de Las Heras y sostiene que “encabeza”. Sin embargo, la propia funcionaria reconoce que al final no bastará únicamente con números, sino que existirá una “valoración política” dentro de Morena, frase que traducida al lenguaje real significa algo muy simple: las candidaturas no se definirán solamente por popularidad, sino por confianza, lealtades, grupos internos y viabilidad electoral.

Y ahí es donde empiezan sus verdaderos problemas.

Porque más allá de su capacidad como operadora política —que pocos le regatean—, Célida arrastra negativos acumulados que dentro del morenismo duro siguen pesando considerablemente.

El primero es su origen panista.

Aunque ella se asuma hoy como una convencida militante de la 4T e incluso afirme ser “más morenista que muchos fundadores”, existe un sector importante del movimiento que jamás terminó de procesar su pasado político bajo el padrinazgo de Guillermo Padrés Elías. En Morena persiste un fuerte purismo fundacional y muchos consideran inadmisible que perfiles llegados desde otras trincheras terminen desplazando a quienes construyeron el partido desde abajo.

El segundo problema tiene que ver con la confianza.

Aunque públicamente presume cercanía con el gobernador Alfonso Durazo Montaño, en los círculos políticos locales siguen circulando versiones sobre episodios donde presuntamente habría operado en sentido distinto a los intereses del mandatario, particularmente en asuntos relacionados con la elección judicial. Verdaderas o falsas, esas versiones existen y pesan. Y en política, muchas veces las percepciones terminan importando tanto como los hechos.

A eso se suma un argumento que sus adversarios internos jamás le van a perdonar: haber perdido Hermosillo.

La derrota frente a Antonio Astiazarán Gutiérrez en 2021 sigue siendo utilizada como prueba de vulnerabilidad electoral. Sus críticos sostienen que quien perdió la capital difícilmente puede convertirse después en la candidata más competitiva para enfrentar una elección estatal donde precisamente Hermosillo resulta decisivo.

Y luego aparece otro factor igual de delicado: el temperamento.

Dentro y fuera del gobierno son frecuentes las descripciones que la califican como intensa, impulsiva, arrebatada o confrontativa. Algunos ven eso como energía y carácter; otros como falta de control político. Gobernar Sonora no

implica solamente operar políticamente o dar declaraciones mediáticas todos los días. Requiere construir acuerdos, administrar crisis y mantener equilibrio entre grupos internos y externos.

No es un detalle menor.

Tampoco ayuda demasiado que existan dudas sobre la profundidad técnica de su desempeño en Sagarhpa. Aun cuando ha tenido visibilidad, algunos sectores agropecuarios siguen percibiéndola más como operadora política que como especialista capaz de enfrentar desafíos estructurales complejos en agricultura, pesca y ganadería.

Pero quizá el mayor obstáculo para Célida no está en ella misma, sino en el tablero interno de Morena.

Porque, siendo realistas, hoy da la impresión de que solamente quedan dos aspirantes verdaderamente posicionados para convertirse en candidatos del oficialismo: Lorenia Valles Sampedro y Javier Lamarque Cano.

Lorenia representa institucionalidad, disciplina y cercanía con el centro del poder. Lamarque, por su parte, simboliza el morenismo fundador, estructura territorial y legitimidad histórica dentro del movimiento.

Ambos poseen algo que Célida todavía batalla por consolidar: menores negativos internos.

Aunque tampoco sería prudente descartar completamente a Heriberto Aguilar Castillo, quien podría colarse en el último momento si las circunstancias nacionales o las decisiones del centro modifican el tablero.

Porque en Morena, como ya quedó demostrado múltiples veces, las encuestas ayudan… pero no siempre deciden.

Y quizá esa sea la principal preocupación de Célida López.

Que su problema no sea falta de reflectores.

Sino exceso de sombras.

Por hoy fue todo.

Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

Share This Article
Leave a comment