Columna Olor a Dinero
Feliciano J. Espriella
De Miami a Roma por mar: una travesía que cambia el ritmo de viajar
Miércoles 6 de mayo de 2026
NOTAS DE VIAJE
Hay viajes que se miden en kilómetros… y otros en experiencias. Este pertenece claramente a los segundos.
El 19 de abril, a las 6:00 de la tarde, dejamos atrás Miami a bordo del MSC Grandiosa, con rumbo a Europa. No fue una salida cualquiera: fue el inicio de una travesía que, más que trasladarnos, nos obligó —en el mejor sentido— a desacelerar.
Durante diez días navegamos en altamar. Diez días sin más horizonte que el océano, sin tráfico, sin prisas, sin agendas rígidas. Una pausa prolongada en medio del mundo. En ese espacio flotante, el tiempo pierde su carácter utilitario y se convierte en algo más cercano a la contemplación. Amaneceres largos, silenciosos, y atardeceres que parecen diseñados con una precisión casi artística.
La vida a bordo tiene su propia lógica. Todo está al alcance: gastronomía, espectáculos, espacios de relajación, caminatas interminables por cubierta. Pero lo más valioso no es la oferta, sino la sensación de continuidad. No hay rupturas. No hay traslados incómodos ni esperas interminables. Uno simplemente está… mientras el barco avanza.
Esa es, quizá, la gran diferencia con otras formas de viajar: aquí el trayecto es parte esencial del destino.
Pero el itinerario también tuvo escalas que enriquecieron la experiencia.
La primera parada fue en Saint Martin (island), en su lado neerlandés, St. Maarten. Caribe en estado puro: aguas tibias, transparentes, una invitación abierta al descanso sin condiciones. Es un destino que no exige nada, solo presencia.
Después vino Funchal, una escala que sorprende. En medio del Atlántico emerge esta ciudad que combina naturaleza exuberante con una elegancia tranquila. Subimos en teleférico hacia uno de sus jardines más emblemáticos: desde ahí, la vista es simplemente extraordinaria. Funchal no busca impresionar… y sin embargo lo logra.
El arribo a Europa marcó un cambio de tono.
En Barcelona, la arquitectura y la historia conviven con una energía contemporánea difícil de igualar. Es una ciudad que no se recorre: se experimenta. Cada calle tiene carácter, cada esquina propone algo distinto.
Cannes ofrece otra narrativa. Glamour, sí, pero también orden, estética y una identidad muy bien cuidada. No es solo lujo; es una forma de entender el espacio urbano con precisión casi escénica.
En Génova, el ambiente cambia nuevamente. Más sobria, más histórica, con un puerto que recuerda su importancia como potencia marítima. Génova no seduce de inmediato, pero se revela con profundidad.
Y finalmente, La Spezia, punto estratégico para asomarse a una de las regiones más fotografiadas de Italia. Desde ahí, la cercanía con Cinque Terre permite intuir —aunque sea brevemente— esa combinación perfecta entre geografía y arquitectura que define al Mediterráneo italiano.
Hoy, a las 7:00 de la mañana, llegamos a Civitavecchia, puerto ubicado a unos 80 kilómetros de Roma. Con ello, se cierra la primera etapa de este viaje.
Cruzar el Atlántico en barco no es solo una alternativa al avión. Es una forma distinta de entender el desplazamiento. Es aceptar que el tiempo no siempre debe optimizarse, que también puede disfrutarse.
Porque, al final, viajar no es únicamente llegar. Es aprender a moverse de otra manera.
Y en eso, el Grandiosa cumple con creces.
Por hoy fue todo.
Gracias por su preferencia y hasta la próxima.
