Viajar en crucero: el placer de moverse sin prisa

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Columna Olor a Dinero

Feliciano J. Espriella

Viajar en crucero: el placer de moverse sin prisa

Miércoles 29 de abril de 2026

NOTAS DE VIAJE

Una forma de viajar que combina traslado, descanso y experiencia: los cruceros, más que un medio, son un destino en sí mismos.

Viajar en crucero lo comparo con pasar unos días en un resort. Ambos están diseñados para ofrecer mucho más que un simple lugar donde dormir —o trasladarse, en el caso de los cruceros—. A diferencia de aviones, trenes o autobuses, un crucero integra alojamiento, gastronomía, entretenimiento, servicios de relajación y múltiples opciones de ocio dentro de un mismo espacio flotante. Todo está pensado para que el viajero tenga a su alcance prácticamente todo lo que necesita, con un atractivo adicional: mientras disfruta la experiencia, el barco avanza y va conectando distintos destinos.

Recuerdo muy bien el primer crucero en el que viajé. Fue el 9 de julio de 2006, en una travesía corta entre Helsinki y Estocolmo. Abordamos por la tarde y arribamos al mediodía del día siguiente. La fecha la tengo grabada por una razón muy particular: ese día se jugó la final de la Copa del Mundo en Alemania, entre Italia y Francia.

El partido fue transmitido en vivo en una pantalla gigante dentro de un amplio salón. La mayoría de los asistentes eran italianos o franceses, y el ambiente era electrizante. Cada jugada generaba una oleada de emociones que retumbaba en toda la nave. Italia ganó en la tanda de penaltis y, al final, lo que predominó fue una convivencia festiva: abrazos, risas y, como es de imaginarse, largas horas de celebración —o de consuelo— acompañadas de bebidas.

Vuelvo al tema.

Aunque el costo de un crucero puede parecer superior al de otros medios de transporte, visto en su conjunto suele resultar más económico. En travesías largas —de 15, 20 o más días— es posible encontrar tarifas que oscilan entre los 60 y 80 dólares diarios por persona en camarotes básicos. Si se considera que ese precio incluye transporte, hospedaje, alimentación y una amplia oferta de entretenimiento, la relación costo-beneficio resulta bastante favorable.

Además, hay un valor intangible que no siempre se pondera: la comodidad de no tener que hacer y deshacer maletas en cada destino. En un crucero, uno se instala una sola vez y el viaje se va desplegando casi sin fricciones.

Para nosotros, peso por peso, es una de las formas más placenteras de viajar.

Comparto algunas recomendaciones prácticas para quienes estén considerando esta experiencia:

1. Lleguen con anticipación al abordaje. Una o dos horas antes de la hora indicada puede marcar la diferencia. Se evitan filas, aglomeraciones y se inicia el viaje con mayor tranquilidad. En nuestro caso reciente, llegamos con hora y media de anticipación y el proceso fue ágil, sin contratiempos.

2. Recorran el barco desde el primer día. Explorar las cubiertas, ubicar restaurantes, áreas de entretenimiento y servicios permite aprovechar mejor el tiempo durante la travesía. Es una inversión inicial que rinde frutos.

3. Lleven lo esencial en el equipaje de mano. Artículos como traje de baño, ropa ligera o cualquier objeto necesario durante las primeras horas pueden ser muy útiles, especialmente si el equipaje tarda en llegar al camarote.

4. Organicen el camarote desde el inicio. Aunque los espacios parecen reducidos, están diseñados con eficiencia. Desempacar, ordenar la ropa y guardar las maletas —por ejemplo, debajo de la cama— facilita la estancia y evita incomodidades.

Una aclaración final: este espacio no pretende ser una guía turística ni un compendio técnico. Es, simplemente, la suma de experiencias acumuladas a lo largo de distintos viajes. Para quien desee profundizar, la información detallada está al alcance de un clic.

Por hoy es todo. Gracias por su preferencia y hasta la próxima.

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