Columna Olor a Dinero
Feliciano J. Espriella
El momento en que el viaje deja de ser idea
Miércoles 22 de abril de 2026
NOTAS DE VIAJE
El inicio de un viaje no ocurre al abordar un avión, un barco, un tren o un autobús, sino en el instante en que se toma la decisión y se da el primer paso.
Hay un momento preciso —breve, casi imperceptible— en el que un viaje deja de ser una idea y se convierte en realidad. No ocurre al abordar un avión ni al subir a un barco; sucede antes, cuando uno decide que sí, que esta vez no se quedará en el “algún día”.
Hace poco tiempo publiqué en mi columna Olor a Dinero un texto titulado “Viajar es una decisión”. Ahí planteaba algo que, aunque suene obvio, no siempre lo es: que la mayoría de los viajes no se realizan por falta de recursos, sino por falta de decisión. Y que, una vez tomada esa decisión, lo que sigue es ajustar las circunstancias, hacer números, explorar opciones y construir —con lo que se tiene— la mejor ruta posible.
Eso fue exactamente lo que hicimos.
Este viaje, que nos llevará a mi compañera y a mí durante 65 días a cruzar el Atlántico por mar —en ambos sentidos— y a recorrer durante el trayecto algunas ciudades europeas como Roma, Florencia, Venecia, Londres, París y Madrid, comenzó mucho antes de pisar un aeropuerto. Empezó en esa etapa menos visible pero más determinante: la planeación.
El Atlántico lo atravesaríamos por vía marítima, en un crucero que abordaríamos en Miami, Florida. La lógica inicial apuntaba a una ruta muy conocida: salir de Hermosillo por tierra hacia Tucson, Arizona, y desde ahí volar a Miami. Era, en apariencia, el camino más directo. Pero como suele ocurrir cuando uno se toma el tiempo de buscar alternativas, encontramos una opción distinta, más conveniente y —para sorpresa nuestra— mucho más económica.
Optamos por volar desde Hermosillo con escala en Guadalajara, utilizando una aerolínea nacional que, en ese momento, celebraba su aniversario. Esa coincidencia nos permitió acceder a una tarifa difícil de ignorar: el costo del boleto no llegó a los 160 dólares por persona.
No todo fue perfecto. La escala en Guadalajara resultó larga —siete horas— y en un horario poco amable. Pero ese tipo de incomodidades forman parte del acuerdo implícito que uno acepta cuando decide viajar bajo ciertas condiciones. Viajar, también, es saber ceder en algunos tramos para ganar en el conjunto.
Así, la primera etapa comenzó a las 8:40 de la noche del jueves 16 de abril, cuando salimos de Hermosillo. Horas después, tras la escala y el cambio de ritmo, llegamos a Miami el viernes 17 a las 12:30 del día, hora local.
No era aún el destino final, pero sí un punto de inflexión.
Miami representa, en este itinerario, una especie de antesala: el lugar donde el viaje toma forma definitiva. Es aquí donde, el domingo 19, abordamos el barco de nombre Grandiosa, de la compañía MSC Cruises, cuyo nombre parece un presagio: “Grandiosa”. Como esperamos que lo sea esta travesía.
Porque todo viaje —sin excepción— es una aventura. No importa cuántas veces se haya viajado antes, ni cuán planeado esté todo. Siempre hay un componente de incertidumbre, de descubrimiento, de ajuste sobre la marcha.
Y quizá por eso vale tanto la pena.
Hoy, mientras escribo estas líneas, apenas estamos en el arranque. El primer paso ya quedó atrás, pero el camino apenas comienza a desplegarse.
En la siguiente entrega compartiré detalles de nuestra estancia en Miami, una ciudad que, desde el primer momento, nos ha resultado tan gratificante como placentera.
Esto, apenas empieza.
Por hoy fue todo.
Gracias por su preferencia y hasta la próxima.
