Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
Riesgo de implosión en Morena
Miércoles 23 de septiembre de 2026
Los últimos estados en los que Sheinbaum cerrará su gira nacional para dar a conocer lo maravilloso de su segundo informe de gobierno son Guerrero, Michoacán, Puebla, Tabasco, Sonora (el próximo sábado) y Ciudad de México donde el cierre definitivo, el 27, coincide con la nacionalización de la industria eléctrica lo que envuelve todo el proceso en un manto de alineación ideológica nacional.
En Sonora la gente de Lorenia Valle dan como un hecho que las encuestas le favorecerán y el regreso de Javier Lamarque a la alcaldía de Cajeme se interpreta como su rendición a lo que suma el hecho de que Sheinbaum rendirá los pormenores de su informe en Hermosillo y no en Ciudad Obregón como seña tácita de que será la favorecida de facto.
De las 10 coordinaciones estatales que ya han sido designadas hasta este momento, 6 han correspondido a mujeres (Nora Ruvalcaba en Aguascalientes, Julieta Ramírez en Baja California, Rosa María Bayardo en Colima, Beatriz Mojica en Guerrero, Imelda Castro en Sinaloa y Verónica Díaz en Zacatecas) y 4 a hombres (Pablo Gutiérrez Lazarus en Campeche, Carlos Torres Piña en Michoacán, Santiago Nieto en Querétaro y Eugenio Segura en Quintana Roo).
Lo que resta por definir: Quedan 7 estados pendientes en el tintero (Baja California Sur, Chihuahua, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala).Haciendo cuentas con los bloques restantes, de los 7 estados que faltan, Morena todavía tendrá que designar al menos a 3 o 4 mujeres más para cumplir holgadamente con el principio de paridad de género en el total de las 17 gubernaturas.
Esto coloca a perfiles como el de Lorenia Valles en Sonora (o los de otras aspirantes fuertes en los estados restantes) en una posición donde convergen tanto su posicionamiento en las encuestas internas como la propia necesidad reglamentaria del partido para cerrar el rompecabezas nacional de género.
En caso dado, ¿qué opciones le quedan a quien pierda? Si es Lorenia pues debe amarrar ser la próxima candidatura al gobierno dentro de tres años y si es Lamarque, asegurar una diputación federal pluri para regresar posteriormente. Es la medida más lógica.
A su vez, para calmar a las huestes intermedias requieren impulsar la peligrosidad que representa Toño Astiazarán, paradójicamente, como un factor de unidad entre todos ellos, incluido el gobernador Alfonso Durazo y su séptimo año.
Bajo este tenor la operación cicatriz que iniciará una vez determinado quien será el o la coordinadora estatal tendrá que aglutinar compromisos y responsabilidades, no de los punteros, sino de los equipos intermedios para cumplir con los compromisos que cada uno de los equipos hizo con las diferentes promesas de candidaturas y en este caso, Lamarque lleva mano pues los aguerridos del sur del Estado son personajes muy cabrones.
No he visto, por parte de Lorenia, operadores eficaces por lo cual entiendo que entraría al quite el secretario de gobierno quien, obviamente pediría como mínimo la candidatura a la alcaldía de Hermosillo que ha soñado desde sus años mozos, acción que no cabría con Lamarque quien sabe de los ataques que ha sufrido por parte de Adolfo Salazar Razo. Por cierto, en esta tesitura no pinta Celida López.
Quienes pretenden ir por candidaturas, incluyendo a Paulina Ocaño quien quiere ser alcaldesa de Hermosillo, tendrán que enfrentar los nuevos filtros que van desde su capacidad de triunfo hasta aquella que acerque mas votos a la gubernatura, Qué sumen y no resten.
A su vez, un equipo competente de quien sea favorecido, debe interpretar el aspecto organizacional de la futura campaña y establecer parámetros medibles. La verdad es que en el caso de Lorenia Valle no se han visto operadores cicatrizadores, a diferencia de Lamarque y su gente del sur que saben cómo y qué hacer en caso dado (son muchos) más allá de quienes tiene el mismo gobernador que no son muchos.
No es que Lorenia o Javier no sepan actuar ante lo que viene, sino que enfrentarán una disyuntiva de decisiones en la que su capacidad de negociación se verá inmersa entre lo que piensan que es lo más adecuado y lo que realmente requieren para sostener a la 4T en el poder gubernamental y aquí, en los cómos, es cuando se abrirán la fisuras a lo que hay que sumar la soberbia que demuestran sus equipos de trabajo que ya se sienten con la victoria en la mano y como las telarañas han hecho compromisos que, a lo mejor no puedan cumplir.
Lamarque, quien ha dicho en tres ocasiones que ganaría esta contienda interna, su posición en caso de perder conformaría un grupo humillado –quiéralo o no–, al que se le otorgaría una capacidad de respuesta negativa que para Lorenia sería difícil disuadir al ser tantos los intereses contrapuestos, lo mismo le ocurrirá al alcalde cajemense en caso dado. Y no veo que ninguno de los dos equipos tenga las canicas en la mano para dilucidar o actuar en consecuencia.
En otras palabras y como ha ocurrido en otros estados como en Zacatecas, Michoacán y Guerrero, en el caso de Sonora, Morena corre el riesgo de que implosionen los intereses pues nuestro estado tiene una característica que históricamente se diferencian del resto: el orgullo sonorense y el peso de sus tribus políticas no se doblegan con acuerdos de escritorio, dejando abierta la puerta para que la falta de oficio negociador convierta una victoria anunciada en una implosión de pronósticos reservados. Quizá no lo entiendan los de Morena, pero que no se digan sorprendidos cuando lo vean.
La política no perdonará las improvisaciones ni los triunfalismos apegados al escritorio. Los dados ya están rodando y la visita presidencial marcará el banderazo, pero sin una verdadera operación cicatriz y con operadores sin oficio, el proceso corre el riesgo de naufragar en sus propias contradicciones. Que no digan que no se advirtió.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.
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