Mucho récord, poco crecimiento

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

Mucho récord, poco crecimiento

Viernes 10 de julio de 2026

México vive un contraste incómodo. Nunca habíamos vendido tanto, empleado a tantas personas ni recuperado tanto poder adquisitivo en el salario mínimo. Y, sin embargo, la economía crece a un ritmo que decepciona. Esa es la paradoja que conviene entender antes de caer en el triunfalismo… o en el pesimismo automático.

Los datos son contundentes. El empleo formal cerró junio con 22.8 millones de trabajadores afiliados al IMSS, la cifra más alta en la historia del instituto. Entre enero y mayo, las exportaciones alcanzaron 317 mil 172 millones de dólares, un incremento de 22.6% respecto al mismo periodo del año anterior. Además, el salario mínimo real —descontando la inflación— ha recuperado 154% de su poder de compra desde 2018: lo que entonces equivalía a 123.94 pesos diarios hoy representa 315.04 pesos.

Con ese marcador, cualquiera pensaría que la economía mexicana navega con viento a favor. Sin embargo, apenas ayer el Fondo Monetario Internacional volvió a recortar su pronóstico de crecimiento para este año, de 1.6% a 1.2%. La pregunta resulta inevitable: ¿por qué vender más, emplear más y pagar mejores salarios no se traduce en un mayor crecimiento económico?

Lo urgente: el T-MEC

La explicación inmediata tiene nombre: incertidumbre.

México desplazó a China como el principal socio comercial de Estados Unidos, pero Washington decidió modificar las reglas del juego. En lugar de una renovación automática del T-MEC por dieciséis años, ahora plantea revisiones anuales. Puede parecer un cambio menor, pero para los inversionistas significa exactamente lo contrario: desaparece la certeza que requieren los proyectos de largo plazo.

La industria automotriz ya resiente esa incertidumbre, presionada además por los aranceles aplicados a componentes asiáticos y por la creciente competencia de las marcas chinas. Ninguna empresa decide construir una planta multimillonaria pensando únicamente en el siguiente año.

La apuesta: alta tecnología

La salida tampoco consiste en seguir apostando exclusivamente por el ensamblaje de automóviles.

México ya demuestra que puede competir en actividades de mucho mayor valor agregado. Querétaro comienza a consolidarse como el “valle de los datos” mexicano, con inversiones de Amazon y Microsoft en centros de cómputo para inteligencia artificial. Al mismo tiempo, el equipo y los servidores destinados a esa industria representan ya uno de cada cuatro dólares que exporta el país.

En Chihuahua, compañías como Safran y Bombardier confirman que el talento mexicano puede participar exitosamente en procesos aeroespaciales altamente especializados. Ahí se encuentra una de las grandes oportunidades para la próxima década, siempre que el país decida aprovecharla.

El freno: lo que el gobierno no suelta

Pero ninguna estrategia tecnológica prosperará sin resolver los obstáculos internos que siguen frenando la inversión.

El primero es la insuficiencia de energía, particularmente de fuentes limpias y confiables. El segundo, la creciente escasez de agua en varias regiones estratégicas. El tercero, un Estado de derecho que todavía genera demasiadas dudas entre quienes analizan invertir miles de millones de dólares.

Las grandes decisiones de inversión no se toman únicamente con buenas presentaciones o discursos optimistas. Se toman cuando existen reglas claras, tribunales confiables e infraestructura suficiente para garantizar la operación durante décadas.

A esos factores se suman dos presiones adicionales. Por un lado, Pemex continúa absorbiendo enormes recursos públicos como la petrolera más endeudada del mundo. Por otro, el sistema de pensiones comenzará a ejercer una presión cada vez mayor sobre las finanzas nacionales.

Sin electricidad suficiente, sin agua garantizada y sin plena certeza jurídica, será difícil convencer a los grandes fondos internacionales de apostar por México.

El país tiene ventajas extraordinarias: una ubicación geográfica privilegiada, una fuerza laboral competitiva y una economía que, sobre el papel, rompe récords históricos. Pero los récords, por sí solos, no generan crecimiento. Ese salto solo llegará cuando México ofrezca certidumbre para invertir y acelere la modernización de su infraestructura energética, educativa y tecnológica. Mientras tanto, seguiremos oliendo a dinero… sin necesariamente generarlo al ritmo que presumen las cifras.

Como cada viernes, la conversación la podemos continuar en la radio. Los invito a sintonizar La Caliente 90.7 FM a las 6:10 de la mañana, donde en el espacio informativo de José Ángel Partida estaremos analizando a fondo este tema que hoy pongo sobre la mesa. Los espero.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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