La última libertad

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Columna Archivo Confidencial

Armando Vásquez Alegría

La última libertad

Lunes 8 de junio de 2026

FUE UN DÍA SIN PENA ni gloria: 7 de junio, día de la libertad de expresión. Suman 75 años de aquel decreto de 1951 cuando se reforzó el ejercicio del periodismo que hoy atraviesa en el caso mexicano por uno de sus peores momentos más allá de la desaparición física de periodistas o de su abatimiento por las vías legales, que es la tónica de la 4T como gobierno.

La erosión de las libertades informativas ya no requiere de la violencia estridente del pasado ni de militares clausurando imprentas. El cerco actual es de cuello blanco, sofisticado y silencioso. Así lo demuestra el Índice Chapultepec 2025, el termómetro que edita la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) desde 2020.

En su más reciente informe, México se desplomó cinco posiciones para ubicarse en el lugar 18 de 23 naciones evaluadas, instalándose formalmente en la ignominiosa categoría de país con “Alta Restricción” para la prensa, encendiendo alarmas que ya nos acercan peligrosamente al sótano donde habitan regímenes como los de Venezuela y Nicaragua. https://n9.cl/v56vy7

En 1994 la SIP reunió a periodistas y presidentes de diversos países en el castillo de Chapultepec. Allí se firmó una declaración de 10 principios fundamentales para la libertad de prensa. Durante 26 años funcionó como un manifiesto político, pero fue hasta el 2020 cuando se decidió evaluarlos y convertirlos en instrumentos de medición cuantitativa y científica en un ejercicio que dura de noviembre de un año a noviembre del otro.

Esta es la declaración de los 10 principios y la violación de algunos de ellos coloca a México en una posición insana en esto del ejercicio de la libertad de prensa. ¿Adivina en cuales falla?

Principio 1: Inexistencia de censura previa. No debe existir ninguna ley ni poder público que controle, filtre o restrinja la información antes de que sea publicada. La libertad de expresión es un derecho inalienable del ciudadano, no una concesión del Estado.

Principio 2: Castigo y combate a la violencia. El asesinato, el secuestro, las presiones y cualquier tipo de violencia contra periodistas o medios de comunicación deben ser castigados con severidad. El Estado está obligado a prevenir e investigar estos crímenes de forma eficaz.

Principio 3: Acceso universal a la información. Las autoridades no pueden restringir el acceso a la información de interés público. Los ciudadanos y los reporteros tienen el derecho constitucional de revisar los actos del gobierno y exigir transparencia.

Principio 4: Prohibición de la censura indirecta. Los gobiernos no pueden utilizar el control de las frecuencias de radio y televisión, la asignación discrecional de publicidad oficial, ni la entrega de insumos (como el papel periódico en su momento o los recursos digitales hoy) para premiar a los medios sumisos o castigar a los críticos.

Principio 5: El periodismo como actividad libre. No se puede exigir ningún tipo de título universitario obligatorio, colegiación forzosa o licencia gubernamental para poder ejercer el periodismo de manera libre.

Principio 6: El secreto profesional. El periodista tiene el derecho absoluto de proteger la identidad de sus fuentes de información. Ninguna autoridad judicial o política puede obligarlo a revelar quién le entregó un documento o un testimonio.

Principio 7: Respeto a las libertades en la Constitución. El marco legal de cada país debe garantizar la libertad de prensa. Ninguna reforma o legislación secundaria puede contradecir los tratados internacionales en la materia.

Principio 8: Independencia de los medios. Los medios de comunicación tienen el derecho de definir su propia línea editorial y comercial sin interferencias del poder político ni presiones corporativas externas.

Principio 9: Competencia equitativa. Las leyes deben garantizar que no existan monopolios u oligopolios que asfixien la pluralidad de voces, asegurando un mercado de ideas abierto y democrático.

Principio 10: No discriminación en la asignación de recursos. Ningún funcionario público puede discriminar a un medio de comunicación negándole información, conferencias de prensa o pautas de publicidad legal debido a su postura crítica u opinión política.

No se necesita ser un experto para adivinar en cuáles falla el Estado mexicano. Reprobamos sistemáticamente en el Combate a la Violencia (Principio 2), resentimos el tiro de gracia al Acceso a la Información tras el desmantelamiento del INAI (Principio 3), y padecemos la asignación discrecional y punitiva de la Publicidad Oficial (Principios 4 y 10). La asfixia es integral.

Sin embargo, el poder suele olvidar que cuando se cierran las vías institucionales, la libertad busca sus propios canales. La paradoja de este 7 de junio nos encuentra blindados por vallas metálicas de cara a la inauguración de la Copa del Mundo este próximo jueves 11 de junio.

Mientras el discurso oficial intenta venderle al planeta la postal de un México moderno y festivo, la terca realidad de la calle ya fracturó la pantalla: cientos de corresponsales internacionales han volcado sus notas hacia el plantón de la CNTE y la inminente movilización de las madres buscadoras, quienes planean inundar las gradas del Estadio Azteca con pañuelos blancos e implementar esa estrategia de protesta en el minuto 43 por los desaparecidos de Ayotzinapa y que ante el slogan “La pelota vuelve a casa” se preguntan: “¿nuestros hijos cuándo?”.

Por eso, lo que hoy se defiende en cada nota, en cada plaza y en cada transmisión no es un privilegio de gremio; es, literalmente, la última libertad. Si el ciudadano pierde el derecho a saber y el periodista la capacidad de contarlo sin terminar quebrado en un tribunal o silenciado en una fosa, todas las demás garantías caen por añadidura.

El régimen puede apostar al control de daños, a congelar los escándalos de sus gobernantes y a simular normalidad institucional, es más, pueden hostigar al periodista, demandarlo por daño moral o bien regalarle el dinero público a los aplaudidores de la primera fila, pero no se debe olvidar que tarde que temprano la realidad siempre encuentra una grieta para filtrarse a través de una columna incómoda, o de un reportero cizañoso.

Y pensar que los periodistas de izquierda eran quienes encabezaban movimientos en pro de la libertad de expresión y hoy también son sometidos. Sheinbaum, quien se ufana lacónica y falsamente de no imprimir la represión en su gobierno, ya entenderá que la última libertad no se arrodilla ante un decreto presidencial ni se apaga subiendo el volumen del sonido local. Su prueba del ácido ante el mundo ya comenzó.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.

Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com

https://www.facebook.com/armando.vazquez.3304

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