Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
Presidentes mexicanos sin derecho al descanso
Miércoles 3 de junio de 202
AHORA QUE ANDY publicó una foto a un lado de su papá, es posible observar los estragos físicos que ha sufrido el ex mandatario, gordo, vista cansada, un poco más chico de estatura, no el metro y 73 centímetros de antes, y se conocen episodios de enfermedad como presidente y ahora alejado, en “La Chingada”.
Pudieran ser sus 72 años cumplidos, aunque también son los efectos de la famosa Vitamina P (de poder), que trata de absorber cada vez que puede. Es como los boxeadores retirados que siempre añoran los aplausos.
Pero su lenguaje corporal nos habla de pérdida de masa corporal, deshidratación de los discos intervertebrales y su peso excedente indica falta de vigor muy propia de quienes caen en la inercia del alejamiento de los reflectores. Por eso urge a Andy sacarlo a la luz pública con más frecuencia y recordar a todos que es “hijo de quienes aman y lucharon por el pueblo”, como refrescando aquello de “no me llamen Andy” y subrayando de quién es descendiente.
¿Pero, vio a Fox en el evento de Maru Campos? Qué acabado se ve, le pesan los 83 años, aunque el semblante de Calderón impactó, amarillo folder con 63 años encima, algo similar a Zedillo con sus 74 diciembres a cuestas visto en otros eventos diferentes.
Fuera de cualquier maniqueísmo político, ya es hora de que los legisladores empiecen a elaborar una iniciativa de ley en la que el presidente en turno demuestre que física y mentalmente sigue apto para ocupar el cargo para el que fue electo luego del cuarto año de gobierno. O bien, establecer un período de vacaciones obligatorias para descansar el cuerpo y la mente. La presidenta no podrá hacerlo en lo que resta del año aunque debiera, pero no está en la ley.
La gran mayoría de los presidentes en el mundo se toman vacaciones pues es un derecho constitucional, aunque la forma en que lo hacen varía muchísimo según la cultura política de cada país y la época. Los presidentes gringos tienen Camp David, los franceses el Fuerte de Brégançon en el Mediterráneo, los de España en el Palacio de las Marismillas (en el Parque de Doñana) o La Mareta (en Lanzarote), los mandatarios argentinos en Villa La Angostura, en la Patagonia. ¿Y en México?, pues no hay derecho legal al descanso mucho menos un espacio físico ad hoc.
Sheinbaum, quien este 24 de junio llegará a los 64 años, presenta cada mañana un rostro cansado, con ojos muy abiertos sin parpadear, ojeras que trata de disimular con maquillaje y hasta incisiva en sus respuestas equivocándose en algunas ocasiones o bien, dando otro sesgo a la información cambiando súbitamente de tema sin acabar la oración.
Tal vez en ese pragmatismo los gringos validaron un período de cuatro años pues a los presidentes el poder en el gobierno les afecta si no aprenden rápidamente a ceder un poco y delegar responsabilidades y con ello atenerse a las consecuencias. Trump ya ha demostrado un desgaste muy propio que le ha llevado a cambiar de funcionarios o amigos cercanos que, según él, no cumplen con su mandato. Denota cansancio.
El caso de la presidenta es aún más agudo. Tiene cada vez más frentes abiertos y empezar el ajetreo a las seis de la mañana para terminar a altas horas de la noche la convierte en una candidata idónea para desarrollar un cuadro severo de sobrecarga cognitiva, estrés acumulativo y fatiga por decisión.
Cuando se tienen tantos incendios activos, el riesgo real es caer en la visión de túnel, donde el mandatario termina operando solo para reaccionar a la crisis del día (lo urgente) en lugar de ejecutar la agenda de Estado (lo importante).
Los presidentes suelen verse rodeados de filtros, asesores y dinámicas de gabinete donde no siempre se les dice la verdad completa para evitar contrariarlos o por dinámicas de competencia interna. Ese aislamiento provoca que la carga final de las decisiones más difíciles recaiga sobre una sola persona. El peso de saber que un error de cálculo puede costar puntos en el PIB o vidas humanas es el detonante principal de la fatiga por decisión.
Es cierto que regular las vacaciones presidenciales requiere todo un protocolo. La historia demuestra que las crisis no tienen agenda: le ocurrió a Bush con el huracán Katrina, a Obama con los conflictos internacionales o al mismo Peña Nieto en 2013 cuando la explosión de la Torre de Pemex —que cobró 37 vidas— lo agarró en Punta Mita, Nayarit, durante un fin de semana largo. Un costo político salado, pero que debería ser la excepción y no la regla.
Al final, el poder desgasta, pero el poder absoluto y sin descanso nubla la vista. Si exigimos exámenes psicométricos y médicos para cualquier puesto de alta responsabilidad en el sector privado, mantener la salud física y mental de quien conduce al país no debería ser un asunto de voluntad personal o de pudor político, sino una estricta garantía de seguridad nacional. El cuerpo humano tiene límites; el Estado mexicano no debería estirar la liga para probar cuáles son los de su mandataria.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.
Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com
