Columna Archivo Confidencial
Armando Vpasquez Alegría
Celida, la volvió a perder
Lunes 1 de junio de 2026
EL PASADO 29 DE MAYO y en el marco de la sesión del Consejo Estatal de Morena, evento encabezado por el gobernador Alfonso Durazo quien ya se olvidó del cuidado de las formas, se firmó un acuerdo en el que seis precandidatos se comprometieron a separarse de sus cargos cuando inicie el proceso de designación de coordinación de los comités de defensa de la 4T en Sonora.
De entrada, ya no habrá más precandidatos a la gubernatura. Signaron el documento Lorenia, María Dolores, Célida, Lamarque, Heriberto y Froylán Gámez https://n9.cl/z5r42 quien con esto se aleja de la posibilidad de ser aspirante a la alcaldía de Hermosillo dejándole el paso libre a Fernando Rojo de la Vega, el gran amigo y socio empresarial de Alfonso Durazo Jr.
Este 22 de junio será cuando el comité nacional lance la convocatoria y en el caso de Sonora ya deberán estar listos los suplentes de los titulares de Contraloría, Sagarpha y la SEC, así como los del legislativo, al menos que se rajen de último momento y decidan no pedir licencia.
Sobre Lamarque, ya escribí las desventajas que le resultaba pedir licencia en las fechas que él había mencionado https://n9.cl/i1bid pero ahora con esta jugada de aplazamiento (que de seguro fue del gober pues por algo encabezó esta reunión que no debió hacerlo, insisto), y firma de acuerdo, todo indica que la preca que salió más dañada fue Celida y de coletazo el mismo Adolfo Salazar.
Me explico. Aunque en el boletín se mencionó su nombre como firmante, un hecho es que en ninguna de las fotos de presídium e informales como selfies o bien en redes sociales en las que se menciona el evento, en ninguna imagen aparece Celida López, https://n9.cl/lrh2a si le sirve de consuelo tampoco Adolfo Salazar, Paulina Ocaño, Omar del Valle, Paloma Terán y Fernando Rojo de la Vega quienes junto con Heriberto Aguilar y Froylán Gámez (estos dos si aparecieron en la foto), conforman el otrora poderoso “Grupo de los Ocho”.
Abundemos. Celida López, apoyada por el eje padrecista ya había causado un primer enojo de Durazo Montaño durante la elección a jueces del primero de junio del año pasado. Su coraje vino porque quiso imponer a Daniel Humberto Acedo Fimbres como magistrado del Tribunal de Disciplina Judicial en Sonora a quien logró proporcionarle el triunfo con más de 78 mil votos y para lo cual, según colegas columnistas, hasta falsificó y distribuyó acordeones, pero no era el favorito del gober.
Bajo el pensamiento de que una vez ganada la elección no le quedaría de otra al gober más que apechugar, Celida y su equipo de padrecistas festejaron antes de tiempo pues Durazo obligó –es lo que se entiende–, a que el ganador presentara su renuncia tal y como ocurrió y como consecuencia hubo también funcionarios despedidos que se prestaron a esta acción.
Se suponía que el Grupo de los Ocho estaba comandado por el secretario de gobierno, Adolfo Salazar a quien le comieron el mandado en la mano. Ya se ha de imaginar la regañada de entonces que ha de haber sido similar a otra más que se suma por culpa de Celida, cuando el pasado miércoles Lamarque pidió licencia para dejar la alcaldía.
Otra vez, Célida apareció el martes en la encuesta de Enkoll publicada en El Universal como puntera en la elección de candidatos a la gubernatura junto con Lamarque, ambos con 26 puntos. Cuando el alcalde dijo públicamente que dejaría la alcaldía el jubilo padrecista ha de haber sido con mariachi por todas las contras que tenía esta decisión.
Pero para el viernes el alcalde obregonense se desdijo de la petición de licencia alegando que era por la unidad y para no causar una revuelta al interior de la contienda. Dijo que renunciaría igual que todos, cuando saliera la convocatoria. Se le cayó la victoria a Célida y a su grupo y aún faltan ver las consecuencias de esta, su segunda acción contradictoria a los intereses del gobernador.
Este vacío en las imágenes no es un asunto menor ni de egos heridos; es el síntoma de una preocupante descomposición en el diseño institucional de la gobernabilidad sonorense justo a un año de que acabe el sexenio.
Por definición y manual político, el secretario de Gobierno debe fungir como el gran árbitro de la política interna, el operador discreto encargado de contener las ambiciones de las tribus para que estas no salpiquen la figura del Ejecutivo. Sin embargo, cuando Adolfo se quita el traje de juez para ponerse la camiseta de un grupo compacto —en este caso, el de “Los Ocho”—, el equilibrio se rompe y la dependencia se vacía de autoridad moral.
Que Alfonso Durazo haya tenido que bajar personalmente al ruedo para encabezar una mesa que formalmente le correspondía planchar a su aparato de política interna, confirma que la Secretaría de Gobierno fue rebasada, o peor aún, desplazada por sospecha de parcialidad.
Al no poder frenar el activismo desbocado de Célida, Salazar Razo dejó huérfana la mediación institucional. El problema es que el fuego amigo, en lugar de apagarse, suele irse a la clandestinidad subterránea. En el lenguaje no verbal el destierro visual del Secretario es un voto de censura pues su permanencia en el cargo se vuelve puramente decorativa.
Este desplazamiento genera un vacío peligroso de cara al crucial proceso sucesorio. Al quedar anulados los operadores tradicionales, la estructura vertical del estado se ve obligada a centralizar todas las decisiones en una sola oficina y por lo que se ve las bendiciones, los acuerdos y los manotazos se operarán de manera directa y sin intermediarios con el mandatario.
La estrategia de Celida no fue descabellada, pero no le salió y existe una amplia posibilidad de que su carrera política haya tocado fondo y arrastrado consigo y colocado en la lupa a otros integrantes del Grupo de los Ocho, sobre todo a Adolfo Salazar y sí, probablemente rebajó las ilusiones de un padrecismo que se sentía en la cúspide por haber apoyado inicialmente a Durazo en su carrera política, pero Alfonso volvió a ejercer su derecho de veto y dejó en claro quién manda en Sonora con todo y la alegre foto que se tomó al día siguiente Célida con el gober en el CUM.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.
Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com
