El Nobel que Trump no pudo comprar

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

El Nobel que Trump no pudo comprar

Lunes 12 de octubre de 2026

Mientras Donald Trump reclamaba el Nobel de la Paz por sus supuestos méritos, la historia de Navi Pillay recuerda que la verdadera grandeza no se proclama: se construye durante toda una vida de lucha contra la injusticia.

Donald Trump estaba convencido de que merecía el Premio Nobel de la Paz. Proclamó que había terminado ocho guerras, salvado millones de vidas y evitado que Irán consiguiera una bomba nuclear. Incluso sostuvo que nadie en la historia del premio lo merecía tanto como él. Pero el Comité Noruego decidió otorgárselo a Navi Pillay, una jurista sudafricana de 85 años que ha dedicado su vida a combatir la injusticia.

Trump reaccionó con indignación, cuestionó los méritos de la galardonada y arremetió contra Noruega. Sin embargo, la verdadera noticia no es su frustración, sino la extraordinaria historia de esta mujer.

Cuando Navi tenía cinco años, un conocido de su padre llegó a su casa en Durban, Sudáfrica, solicitando dinero para comprar unas gallinas. Su madre le entregó cinco libras y pidió a la niña que acompañara al hombre para comprobar su historia.

Apenas doblaron la esquina, aquel individuo le arrebató el dinero y desapareció.

Las cinco libras representaban un mes de trabajo de su padre, conductor de autobús. El ladrón fue capturado y condenado. Navi declaró ante el tribunal y, terminado el juicio, preguntó cuándo recuperarían el dinero.

Su padre respondió que nunca.

Fue su primer encuentro con una realidad desconcertante: la justicia podía castigar al culpable sin reparar el daño causado.

Nacida en 1941 en Clairwood, un barrio pobre de familias principalmente indias, creció bajo el apartheid, aquel régimen que convirtió la discriminación racial en política de Estado.

Cuando manifestó su intención de estudiar Derecho, un profesor le advirtió que necesitaría un padre rico. No lo tenía. Pero tenía algo más valioso: una comunidad que creyó en ella. Sus vecinos reunieron dinero para financiar sus estudios.

En la Universidad de Natal descubrió los procesos de Núremberg contra los jerarcas nazis. Aquellos expedientes le revelaron una idea revolucionaria para alguien que vivía bajo el apartheid: incluso los hombres más poderosos podían terminar respondiendo ante la justicia.

En 1967 abrió su propio despacho, convirtiéndose en la primera mujer no blanca en hacerlo en Natal. Defendió a opositores del régimen racista, denunció torturas y luchó por los derechos de presos políticos, incluidos los encarcelados en Robben Island, donde permanecía Nelson Mandela.

En 1995 llegó al Tribunal Superior sudafricano y posteriormente al Tribunal Penal Internacional para Ruanda.

Allí participó en uno de los avances más trascendentales del derecho internacional.

Durante el juicio contra Jean-Paul Akayesu, antiguo alcalde ruandés acusado de genocidio, surgieron testimonios de violaciones contra mujeres tutsis. Pillay contribuyó a que esos crímenes fueran incorporados al proceso.

En 1998, el tribunal estableció que la violencia sexual podía constituir genocidio cuando se cometía con la intención de destruir a un grupo protegido.

Aquella sentencia transformó la manera de juzgar las atrocidades sexuales cometidas durante los conflictos.

Después fue jueza de la Corte Penal Internacional y Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Más recientemente presidió una comisión de la ONU que concluyó en 2025 que Israel había cometido genocidio en Gaza, una acusación rechazada por el Gobierno israelí.

Su trayectoria demuestra que la justicia internacional, aunque imperfecta, puede enfrentar poderes aparentemente intocables.

El 9 de octubre de 2026 recibió la noticia de su Nobel mientras participaba en una conferencia jurídica en Alemania.

Estaba en Núremberg.

En el mismo edificio donde ocho décadas atrás fueron juzgados los criminales nazis cuyos procesos había estudiado cuando era una joven universitaria sudafricana.

La niña que perdió cinco libras y descubrió las limitaciones de la justicia acababa de recibir el mayor reconocimiento mundial por dedicar su vida a ampliarla.

Y el destino quiso que la noticia llegara precisamente al lugar donde, muchos años atrás, había nacido su convicción de que nadie, por poderoso que fuera, debía estar por encima de la ley.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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