Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
La trampa de los 87 millones…
Martes 21 de abril de 2026
EL INE ASEGURA QUE LA lista nominal supera los 101.8 millones de ciudadanos. Vende la idea de una democracia vibrante, pero miente peligrosamente. A esa cifra debemos descontar tres grandes bloques que revelan la fragilidad del sistema:
Primero. En enero de este año comenzó la purga silenciosa de micas con vigencia 2024-2025. Fueron extendidas por decreto para salvar la elección judicial de 2025, pero hoy han caído en la obsolescencia. Hablamos de casi dos millones de ciudadanos que, si intentaran votar hoy, serían rechazados en la casilla.
Segundo. Según el INEGI, cada año mueren en México 800 mil personas por causas naturales o provocadas. Para la elección de 2027, habrán fallecido 2.4 millones de mexicanos cuyos nombres seguirán apareciendo como ‘votos vivos’ en un papel, simplemente porque la depuración del Registro Federal de Electores es incapaz de seguirle el ritmo a la morgue.
Tercero. El espejismo del voto migrante. De los 12 millones de mexicanos en el extranjero, apenas 800 mil activaron su credencial. Los otros 11 millones y pico son población, pero electoralmente son ‘ruido’; pues no cuentan porque no pueden votar. Al hacer la resta, el universo real no es de 10.8 millones, sino de apenas 87 millones de votantes efectivos.
Este achicamiento del padrón no es un error, es un paradigma que se presenta en cada elección pero que en este 2027 favorece en gran medida a Morena y sus 12 millones de agremiados que representan casi el 14% del listado general bajo esta focalización de votantes.
Ahora bien, no hay que olvidar que, por decreto de la Reforma Judicial, la elección de jueces y magistrados (tanto federales como estatales) se amarró a la elección constitucional y para revertir este proceso de los juzgadores se requiere la votación de las dos terceras partes de los legisladores. Difícil cambiar la elección.
Eso conlleva la colocación de más de un millón de urnas divididas en 170 mil casillas. Serán dos filas. El votante promedio recibirá, al menos, seis boletas distintas. En una mano tendrá las de candidatos a puestos de elección popular y en la otra una “sábana” técnica, sin logotipos y saturada de nombres desconocidos para elegir a quienes impartirán justicia.
La complejidad del llenado –pues deben escribir el nombre del juzgador–, obliga a que el proceso pueda tardar hasta quince minutos por persona de tal forma que puede dar como un hecho que el votante independiente optará por la salida fácil y más con calor encima: el voto en blanco con lo que se otorgará el control de los tribunales a la minoría más disciplinada o maiceada y mejor cuando llevan acordeón.
Históricamente, las elecciones intermedias en México son el terreno del abstencionismo. Siendo optimistas, en 2027 podemos esperar que acuda a las urnas entre el 40% y el 45% de esos 87 millones de votantes reales. Estamos hablando de un universo de aproximadamente 35 a 39 millones de personas que decidirán el rumbo de la Cámara de Diputados y las gubernaturas en juego. Morena con sus agremiados tendría el 30% de esa votación. Pero aquí es donde la trampa del diseño concurrente se vuelve perversa.
Mientras la elección política mantendrá esos niveles de participación por la inercia de las campañas y los colores partidistas, la elección de juzgadores se encamina a un abismo de ilegitimidad. Con el voto en blanco como salida de emergencia ante el cansancio y la confusión, se estima que la participación efectiva para jueces y magistrados apenas rondará entre el 10% y el 15% de los votantes reales.
Hagamos la aritmética del poder: estamos diciendo que el futuro de la justicia en México será definido por apenas 8 o 12 millones de personas similar a la pasada elección de juzgadores. Morena tendría el 92% de esos votos. Es la victoria de la minoría intensiva sobre la mayoría exhausta.
Este escenario es el sueño dorado de cualquier régimen con vocación autoritaria. No necesitan convencer a las mayorías; solo necesitan administrar el caos para que los ciudadanos libres se retiren de la mesa. Morena, con sus 12 millones de agremiados y beneficiarios, tiene exactamente el número necesario para capturar cada juzgado del país mientras el resto de los 87 millones de mexicanos mira desde la barrera, confundido por una boleta que parece más un examen de derecho que un ejercicio democrático.
Y mientras este despojo administrativo sucede, la oposición se mantiene en un letargo inexplicable. Sus argumentos no tienen peso porque no están peleando en el territorio de la realidad. Siguen lanzando proclamas al aire mientras el sistema les cierra la puerta a los nuevos votantes y borra a los antiguos.
Para los partidos de oposición el 2027 no será una derrota electoral, será un acta de defunción al no entender que, más que con argumentos en la política moderna, quien controla la logística del padrón, vigencia de las credenciales y tiene la capacidad de guiar la mano de un elector confundido, controla el destino de la nación.
Por esto, los partidos de oposición y la sociedad civil tienen cinco acciones urgentes más allá de la lucha en tribunales en los que ya han perdido anteriormente:
Primero. Realizar una gran cruzada estado por estado para que los ciudadanos con credenciales vencidas (las 2024-2025) las actualicen antes del cierre del padrón a finales de este septiembre. La democracia no se defiende con marchas sino con citas en el INE.
Segundo. Ante el acordeón de Morena utilizar una propia de candidatos a juzgadores independientes. Fuego contra fuego. Sobre todo, que salgan a relucir las opiniones de las barras de abogados. El objetivo es que el votante independiente no llegue a la mampara a adivinar, sino con una selección de perfiles que garanticen independencia.
Tercero. Urge un ejército de representantes en las 170 mil casillas pues el riesgo no es solo el voto en blanco, sino el “relleno de urnas judiciales” aprovechando que el ciudadano común no vigila esas boletas. Sin ojos en cada mesa, el escrutinio de la madrugada será un festín para Morena y aliados.
De allí la peligrosidad de los 87 millones de votantes reales frente a un padrón inflado: al no haber vigilancia, el sistema genera un excedente de 14 millones de boletas impresas que quedan a merced de las estructuras para rellenar las urnas bajo el cobijo de la madrugada. Es materia prima para el fraude hasta en la elección de cargos políticos.
Cuarto. Se debe educar al votante y debe entender que dejar la boleta en blanco es votar por el régimen. Hay que romper la parálisis del calor y la confusión con un mensaje directo y contundente: “el tiempo que pases llenando esa boleta judicial es el precio de que mañana no te quiten tu propiedad, tu negocio o tu libertad con un juez a modo”.
Cinco. Quedan cinco meses para saturar de citas los módulos del INE que el gobierno asfixia con presupuestos castigados, menos personal y horarios restringidos alegando austeridad. Aquí es cuando los partidos políticos deberían estar poniendo transporte, asesoría y presión mediática para que la gente acuda ahora y no en la última semana cuando ya no habrá capacidad física de atención. Sabe Morena que, entre menos ciudadanos registrados, el padrón se volverá más controlable.
En la democracia el silencio no es neutralidad; es la firma de nuestra propia sentencia. Si el ciudadano no toma su cita en el INE hoy y su acordeón en la urna mañana, que no se queje cuando la justicia deje de ser un derecho para convertirse en el botín de quien supo contar fantasmas en la madrugada. La mesa está puesta; el festín es de ellos, pero la cuenta la pagaremos todos.
EN FIN, POR hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.
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