Columna El Zancudo
Arturo Soto Munguía
Marcelo Ebrard y el patrimonialismo del poder
Lunes 20 de abril de 2026
Comienzo con una anécdota. Hace muchos años, un colega de cuyo nombre no quiero acordarme, entró a trabajar al gobierno municipal de Hermosillo. En su no tan corta vida, se había desempeñado en trabajos para empresas privadas o ejerciendo de manera independiente.
Cierta vez, trasladándose en un vehículo oficial de la comuna, observó a dos chicas que caminaban por la banqueta del bulevar Hidalgo. Chicas, me contó aquella vez, de ajustadas y escasas prendas que dejaban ver desde lejos la exuberancia de sus bien formados cuerpos.
Y entonces hizo lo que solía hacer en esos casos, cuando no tenía funciones en el servicio público. Desde el asiento del copiloto sacó casi medio cuerpo por la ventana cuando el vehículo iba pasando al lado del contoneo de las caderas de las muchachas y les soltó algo que pretendía ser un piropo, por cierto muy regional. Algo así como “Mamacitas, qué buenas están, parece que las guisaron con manteca de cochi”.
A las susodichas no les pareció agradable el piropo y al contrario, escanearon con indignada mirada no solo al emisor de la guarrada, sino también el auto en cuya puerta aparecía bastante visible, el logotipo del H. Ayuntamiento. Ahí aprendió, de mala manera, un principio general del derecho que diferencia al ciudadano del servidor público. Ahí entendió que no se puede y no se debe mantener ese tipo de conductas que pueden estar normalizadas en la cotidianidad ciudadana, pero que desde la responsabilidad del servicio público no son solo criticables, sino, sobre todo, objeto de sanción cuando se denuncian.
Porque existe es principio que debería ser una especia de mantra para quienes ocupan un cargo en el gobierno, en cualquiera de sus tres niveles y en cualquier posición jerárquica de la estructura gubernamental: que si bien es cierto que para el ciudadano lo que no está prohibido está permitido, para el servidor público lo que no está permitido, está prohibido.
Sirva la anécdota para ilustrar algo que está sucediendo con preocupante frecuencia incluso en los niveles más altos del gobierno federal. El más reciente caso -porque está lejos de ser el único- fue el de Marcelo Ebrard, flamante secretario de Economía en el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El experimentado funcionario tuvo la feliz ocurrencia de solicitar a la entonces embajadora de México en Reino Unido, Josefa González Blanco Ortiz Mena, alojamiento para su hijo en la sede diplomática mientras cursaba estudios de especialización entre 2021 y 2022. Y doña Josefa no solo lo aceptó, sino que le prometió atenderlo como si fuera su propio hijo, lo cual es un bonito gesto, si no fuera porque para la manutención del chavalo se emplearon recursos públicos cuantiosos, que incluían el pago del personal de la embajada: limpieza, cocina, lavado y planchado de ropa y un mayordomo.
Entre el colega que piropeó mujeres desde un auto oficial del ayuntamiento, y el joven Marcelo Patrick Ebrard no hay punto de comparación, pero sí una matriz de pena ajena y de normalización del abuso: la del ejercicio patrimonialista del poder público, la de considerar que los bienes y prerrogativas del gobierno son propios porque así lo indica el mandato de las urnas.
Un vicio sumamente arraigado en los gobiernos del pasado, que los nuevos protagonistas de la alternancia descubrieron como algo que no estaba tan mal, y lo normalizaron a tal grado que incluso lo justifican. Tache.
II
Regresemos a temas locales. Qué clase de mensaje envió desde Nogales, Arizona, la diputada Marcela Valenzuela, mejor conocida en la franja fronteriza como MAVAL.
La legisladora sostuvo este fin de semana un encuentro con el Cónsul de México en Nogales, Arizona, y el alcalde de esa ciudad, Jorge Maldonado, para impulsar y fortalecer la coordinación la relación binacional entre las ciudades hermanas de Nogales en ambos lados de la frontera.
MAVAL recibió de manos del alcalde Jorge Maldonado, la medalla Gateway to Arizona, siendo la única legisladora sonorense en ser distinguida con esta condecoración, lo que habla muy bien del reforzamiento de los lazos entre ambas ciudades, que comparten algo más que vecindad geográfica en esa región clave para la relación bilateral donde se desarrolla el más intenso intercambio transfronterizo en lo económico, lo académico, lo tecnológico, lo social y lo cultural entre Sonora y Arizona.
¡Claro que llamó mucho la atención este encuentro! Y cómo no, si la diputada MAVAL, que está muy perfilada para ganar la candidatura de Morena y sus aliados a la alcaldía de Nogales manda, a querer y no, un fuerte mensaje para la clase política local y estatal en el sentido de que su reconocimiento en ambos lados de la frontera le permite tejer esta clase de relaciones allende el norte, no como otros, a quienes el gobierno norteamericano les ha cancelado la visa, como es el caso del actual presidente municipal de Nogales, Sonora, Juan Gim Nogales.
¡Ups!
III
Y ya que andamos por la frontera, donde a partir del Plan Sonora de Energías Sostenibles el gobernador Alfonso Durazo ha convertido en prioridad de su administración el intercambio académico para fortalecer la innovación y el desarrollo tecnológico que tiene en la frontera un excepcional nicho para el crecimiento, es obligado reconocer lo que acaba de pasar.
A través de una alianza estratégica entre la Secretaría de Educación y Cultura, y la empresa Microsoft, 350 mil sonorenses tendrán acceso a capacitación en materia de inteligencia artificial para ampliar oportunidades de formación profesional y capacidades tecnológicas.
Esta es la oferta de capacitación digital más grande en México y representa una inversión de 300 millones de pesos para que 350 mil sonorenses participen y tengan la oportunidad de obtener constancias oficiales de Microsoft, por lo que el gobernador hizo un llamado a la ciudadanía a mantenerse atentos a las redes oficiales del gobierno de Sonora para conocer los detalles de esta convocatoria.
IV
Y otro que no le quitá el pie al acelerador de la promoción de los casos de éxito en su gobierno es el alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán, que en la semana fue invitado por la Asociación Sonora con Todo a los municipios de Rayón, Carbó, Querobabi y Empalme.
En esos encuentros, expuso lo que parece ser un de los modelos de administración pública que le interesa replicar en los ayuntamientos del estado, si los astros se le alinean en sus expectativas de ganar la candidatura al gobierno del estado, y después la propia gubernatura, una tarea en la que viene trabajando desde hace tiempo.
El modelo consiste básicamente en involucrar a la ciudadanía en la toma de decisiones sobre el destino de los recursos públicos, a través de consultas para determinar en qué obras se aplica el presupuesto.
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