El elefante en la sala

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Columna Archivo Confidencial

Armando Vásquez Alegría

El elefante en la sala

 Lunes 13 de abril de 2026

ALGUNOS ANALISTAS HAN estado manejando que la aprobación de Trump en estos momentos ante el pueblo americano se encuentra entre 35 y 40%, razón por la cual deberá meter el acelerador pues las elecciones intermedias son en noviembre, cuando se renueva el congreso.

De ceder el espacio legislativo a los demócratas en automático iniciarán una guerra de guerrillas con miras a destrozar su imagen y bajarlo de la silla presidencial. Sin embargo, destituirlo no es tan fácil pues aun y cuando logren imponerle un juicio político, se requieren dos tercios de las votaciones para lograr el objetivo.

Y si bien es cierto que a nivel nacional va a la baja en los momios, su base de republicanos de apoyo es del 78 por ciento en lo general. Con su gente está bien.

El caso es que debe alejar lo más posible el fantasma de la derrota en el legislativo si es que quiere seguir con su ímpetu de guerrero mundial y sostener sus diferentes luchas para lo cual hay quienes establecen que tiene en la mira dos objetivos con el peso político suficiente que le permita impulsar que los latinos voten por los republicanos.

El primero es Cuba, que analistas como Ramón Alberto Garza de Círculo Magenta, señalan que no pasará del 26 de julio sin que el régimen tirano sea derrocado y en el caso de México la intervención estadunidense contra el narco de manera frontal, se presupone en agosto-septiembre. Será el sereno, pero por lo pronto hay dos portaviones recorriendo las costas de algunos países de Latinoamérica.

Son el Nimitz seguido del Ford, enmarcados en la operación Southern Seas 2026 cuya demostración tiene varias lecturas clave: Un portaaviones es, en esencia, una base aérea flotante y soberana. Su sola presencia cerca de países con tensiones políticas (como ha ocurrido recientemente con Venezuela) envía un mensaje de fuerza sin necesidad de disparar un solo proyectil. Es la forma en que Washington dice: “Estamos presentes y vigilando”.

Este despliegue busca frenar el avance de potencias rivales en la región, sobre todo de China y Rusia. Pero no todo es intimidación. Bajo la misión del Comando Sur, el portaaviones realiza ejercicios conjuntos con las marinas de México, Argentina, Brasil, Chile y Colombia. Se busca que las fuerzas locales sepan trabajar con la tecnología estadounidense.

Como vimos en marzo de 2026 con militares mexicanos abordando el Nimitz, estas visitas sirven para fortalecer lazos “cara a cara” con las élites militares de la región. En la retórica de la administración de Trump en este segundo mandato, estos buques se presentan como herramientas para desmantelar cárteles. Sin embargo, analistas señalan que un portaaviones nuclear es un recurso “sobrado” para perseguir lanchas rápidas; su función real es política y estratégica, no puramente táctica.

Por cierto, el USS Nimitz está realizando este viaje como una especie de “gira de despedida” antes de ser retirado del servicio activo, lo cual añade un valor simbólico adicional de continuidad histórica en la relación naval con el sur del continente.

La Casa Blanca no se ha quedado de brazos cruzados viendo cómo la erosión en las encuestas compromete su gobernabilidad. Estamos ante la antesala de una serie de “últimos golpes” estratégicos; maniobras de alto impacto diseñadas para sacudir el tablero electoral justo antes de que se abran las urnas.

La apuesta es arriesgada pero calculada: Trump sabe que para que la popularidad del partido emerja con la fuerza suficiente para sostener el legislativo necesita victorias tangibles y espectaculares que resuenen en el electorado indeciso y aseguren el voto latino. No se trata solo de retórica, sino de demostrar que el “puño de hierro” puede doblegar tiranías y someter al crimen organizado transnacional.

La imagen que se le está creando a Trump es la de ser un “liberador de naciones”, la mercadotecnia política por allí va minimizando a su vez conceptos como “perseguidor de familias” (por lo del ICE), “economista fracasado” (aumento de la gasolina) o “loco desaforado”, (por su guerra contra Irán). Va por el voto latino de 36 millones y de los cuales 22 millones son de origen mexicano, 1.6 millones cubano y 600 mil venezolanos. Ya pintan.

Si estos movimientos en Cuba y México logran capitalizarse como éxitos de seguridad nacional, el republicano podría no solo blindar su Congreso, sino convertir el fantasma de la derrota en un segundo aire político. De lo contrario, el escenario de una “guerra de guerrillas” legislativa dejará de ser una proyección de analistas para convertirse en la asfixiante realidad de su segundo mandato. Los tiempos están marcados, los portaviones están en posición y el reloj político no perdona.

Sheinbaum y Amlo le apuestan al posible futuro incierto de los republicanos, tienen el tiempo en contra. Saben que lo único que les queda es incidir, reforzar y apresurar los cambios constitucionales de México para apoderarse por completo del país y utilizar corazón frío para ejercer todo el control posible y con ello evitar que el elefante republicano los aplaste.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones.

Correo electrónico:

archivoconfidencial@hotmail.com

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