Figueroa y Del Valle: perfiles en construcción rumbo a Hermosillo

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Columnas Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

Figueroa y Del Valle: perfiles en construcción rumbo a Hermosillo

Lunes 23 de marzo de 2026

Dos perfiles del PVEM buscan posicionarse rumbo a Hermosillo 2027, pero su verdadero reto no es criticar, sino demostrar capacidad real de gobierno y viabilidad electoral.

Esta es la cuarta entrega sobre los y las aspirantes a contender por la alcaldía de Hermosillo, dentro de la serie iniciada el pasado 9 de marzo con la columna “Alcaldía de Hermosillo, la joya de la corona en 2027”.

Como he señalado previamente, estas publicaciones no derivan de estudios técnicos ni de encuestas formales, sino de la observación sistemática del discurso político y mediático en Sonora. Son, en esencia, lecturas interpretativas del momento.

Hoy el foco no está en el ruido, sino en los perfiles.

En ese sentido, dos nombres del Partido Verde Ecologista de México han logrado colocarse en la conversación pública: David Figueroa Ortega y Omar del Valle Colosio. Más allá de su activismo reciente, lo relevante es analizar qué hay detrás de cada uno: trayectoria, capacidades y posibilidades reales de convertirse en candidatos competitivos.

David Figueroa Ortega representa la experiencia política en su expresión más clásica. Su carrera incluye posiciones de dirección partidista y responsabilidades dentro del aparato público, lo que le ha permitido construir un alto nivel de reconocimiento entre el electorado. No parte de cero, y en política eso vale oro.

Su principal activo es la comunicación. Figueroa entiende los tiempos mediáticos, sabe posicionar mensajes y tiene la capacidad de mantenerse vigente en la conversación pública. Pero más allá de la forma, su fondo es igualmente relevante: conoce la administración pública desde dentro, lo que le permitiría, llegado el caso, asumir el gobierno municipal con un margen mínimo de improvisación.

Su debilidad, si se le quiere ver así, es la propia veteranía. En un entorno político donde Morena ha capitalizado el discurso de renovación, los perfiles con larga trayectoria suelen cargar con el peso de lo “tradicional”, incluso cuando su experiencia es una ventaja operativa.

Por su parte, Omar del Valle Colosio encarna un perfil distinto: más técnico, más institucional, menos mediático. Su formación y desempeño legislativo lo colocan como un actor con dominio de temas presupuestales y de diseño de políticas públicas, una cualidad nada menor en un municipio con presiones financieras constantes.

Del Valle tiene una fortaleza clara en el manejo de estructuras de poder. Sabe cómo se toman decisiones, cómo se negocian y cómo se ejecutan. Además, su apellido sigue teniendo resonancia simbólica, aunque hoy ese capital ya no garantiza triunfos por sí mismo.

Su principal reto está en otro lado: la conexión con el electorado. A diferencia de Figueroa, su posicionamiento público es más limitado, y en una contienda municipal —donde el contacto directo y la empatía pesan tanto como la capacidad técnica— esa puede ser una desventaja significativa.

Ahora bien, más allá de sus perfiles individuales, la pregunta central es otra: ¿qué tan viables son?

Aquí entra el factor determinante: Morena.

Tanto Figueroa como Del Valle militan en un partido aliado, no en el partido dominante. Y en la lógica actual del poder, la candidatura a la alcaldía de Hermosillo no será resultado de quién critique mejor o quién tenga mejor hoja de vida, sino de las decisiones internas del bloque gobernante.

Existen corrientes dentro de Morena que privilegian perfiles propios, particularmente aquellos vinculados al origen del movimiento. Bajo esa lógica, ceder una plaza estratégica como Hermosillo a un aliado no es una decisión menor.

Esto coloca a ambos aspirantes en una posición compleja: necesitan ser lo suficientemente competitivos como para justificar su postulación, pero también lo suficientemente funcionales como para encajar en la lógica política de Morena.

En términos de capacidad de gobierno, ambos cumplen.

Figueroa aportaría operación política, experiencia administrativa y manejo de crisis. Del Valle ofrecería orden técnico, disciplina presupuestal y capacidad institucional. No son perfiles excluyentes, sino complementarios.

Pero las elecciones no se ganan en abstracto.

Se ganan con estructura, con narrativa y con decisiones de poder.

Por ahora, ambos han logrado algo fundamental: estar en la conversación. El siguiente paso —el verdaderamente decisivo— será demostrar que no sólo pueden aspirar, sino competir… y eventualmente gobernar.

Por ahora, los perfiles están en construcción. La definición, como siempre, vendrá de la política… no del discurso.

Por hoy fue todo.

Gracias por su tolerancia y hasta la próxima

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