“Años en movimiento”, un modelo de salud pública que sí funciona

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

“Años en movimiento”, un modelo de salud pública que sí funciona

Miércoles 18 de marzo de 2026

Olvidemos por un momento las megaobras hospitalarias. La verdadera salud pública —la que sí transforma vidas y alivia las finanzas del Estado— se está cocinando en las plazas de Hermosillo.

El programa “Años en movimiento”, impulsado por el diputado Norberto Barraza Almazán, cumple un año demostrando algo que el aparato gubernamental suele ignorar: la clave para despresurizar hospitales saturados no está en más camas, sino en menos pacientes.

Dos veces por semana, adultos mayores se reúnen en parques de colonias como Modelo o Pitic. No van a hacer ejercicio por estética ni por moda; van a recuperar funciones básicas de la vida diaria: levantarse de una silla sin ayuda, subir escalones sin miedo o mantener el equilibrio. Es decir, recuperar autonomía.

A la par, brigadas médicas acercan servicios básicos —vacunación, toma de presión, pruebas de diabetes— directamente a su entorno. Sin burocracia, sin traslados costosos, sin filas interminables. Medicina preventiva en estado puro: barata, eficiente y medible.

En tiempos donde la política se diluye en discursos abstractos, este tipo de programas destacan por algo inusual: resultados tangibles.

El éxito no es casual. Descansa en tres pilares que deberían ser norma, no excepción.

Primero, la funcionalidad. Aquí no hay rutinas genéricas de gimnasio, sino ejercicios diseñados para la vida cotidiana. El objetivo no es “estar en forma”, sino evitar caídas, fracturas o dependencia. En términos de política pública, esto se traduce en menos ingresos hospitalarios y menos gasto en rehabilitación.

Segundo, el componente social. Tras la pandemia, muchos adultos mayores quedaron aislados. Hoy, estas sesiones no solo fortalecen el cuerpo, también reconstruyen comunidad. Las reuniones, celebraciones y convivencia se han convertido en un incentivo tan poderoso como el propio ejercicio. No es menor: la soledad también enferma.

Tercero, la eficiencia presupuestaria. En un sistema de salud pública crónicamente saturado, la prevención no es un lujo, es una necesidad fiscal. Cada caída evitada representa miles de pesos ahorrados en cirugías, hospitalización y terapias.

Y aquí es donde entra el verdadero fondo del asunto: el dinero.

Hoy, el sistema de salud en México enfrenta una presión creciente. Los hospitales no se dan abasto y los seguros privados se han vuelto prohibitivos para la mayoría. Esto empuja a más personas al sistema público, agravando la saturación.

Frente a ese escenario, el modelo de Barraza plantea una lógica difícil de refutar: es infinitamente más barato pagar un instructor en una plaza que financiar una cirugía de cadera o meses de rehabilitación.

La ecuación es simple, pero poderosa: prevención temprana igual a menor gasto futuro.

Además, al llevar servicios médicos básicos directamente a las colonias, se detectan problemas antes de que escalen a emergencias costosas. Es una política pública que actúa antes del colapso, no después.

Actualmente, el programa opera en seis colonias, pero la demanda ya rebasa las 17 solicitudes adicionales. Este dato no es menor: cuando una política nace de necesidades reales y se ejecuta con orden, la ciudadanía no solo la acepta, la exige.

Y eso, en política, es el indicador más claro de éxito.

“Años en movimiento” no es una ocurrencia ni una estrategia mediática. Es un recordatorio incómodo para quienes diseñan políticas desde el escritorio: la salud pública no se resuelve únicamente con infraestructura, sino con inteligencia.

Porque, al final, el verdadero ahorro no está en el quirófano. Está en la plaza.

En ese sentido, es justo reconocer el trabajo del diputado Norberto Barraza Almazán, no sólo por impulsar un programa eficaz en términos de salud pública, sino por entender algo que muchas políticas ignoran: que la soledad también enferma. La socialización que hoy se genera en estas plazas —las conversaciones, las risas, el simple hecho de volver a verse— tiene un impacto profundo en el bienestar emocional de los adultos mayores. En un país donde miles de ellos viven en aislamiento, estas acciones no sólo fortalecen el cuerpo, también dignifican la vida. Y eso, aunque no siempre se mida en estadísticas, es quizá uno de los logros más valiosos de este esfuerzo.

Por hoy fue todo. Gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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