Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
No olviden que Morena soy yo: Amlo
Viernes 13 de marzo de 2026
La política mexicana no se explica en las sesiones del pleno, sino en los ecos de los pasillos que conducen a Palacio Nacional. Lo ocurrido este 11 de marzo —la aparatosa caída de la Reforma Electoral en la Cámara de Diputados por la ‘rebelión’ del PVEM y el PT— no fue un simple revés legislativo; fue, según voces internas, el escenario de un quiebre de mando sin precedentes.
Mientras la narrativa oficial intentaba digerir la derrota, en el sótano del poder se habla de una videoconferencia donde Amlo habría recordado a propios y extraños una máxima que creíamos superada: “no olviden que Morena soy YO”. https://n9.cl/vdqu1
Entre regaños que rozaron el grito y la amenaza directa de exhibir expedientes olvidados de los dueños del Verde y PT, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrentó su primer gran muro: el de una coalición que, al verse amenazada en su supervivencia financiera, prefirió la traición a la obediencia, obligando al centro del poder a retomar las riendas con un puño de hierro que ya no busca aliados, sino súbditos.
Si la narrativa del “regaño” y el ajuste de cuentas es el motor de los próximos meses, el panorama electoral de 2027 cambia radicalmente bajo estas premisas:
El rechazo de la reforma evidenció que el Verde y el PT son aliados de conveniencia, no de ideología. Para 2027, Morena podría optar por una estrategia de “canibalización”. En lugar de ceder distritos a sus aliados, el partido oficialista podría lanzar candidatos propios bajo sus siglas para absorber ese 3% o 4% de votación que hoy le da el poder de chantaje a los partidos pequeños. Es el fin de la “vida eterna” negociada.
El rumor menciona que AMLO designará personalmente a los candidatos de 2027. Esto anula la incipiente estructura de poder regional que Sheinbaum estaba construyendo. Los aspirantes a gobernadores y diputados ya no buscarán el visto bueno en el Zócalo, sino en Palenque (o donde resida el mando moral). Veremos listas de candidatos compuestas por perfiles de “lealtad ciega” más que por competitividad técnica o cercanía con la presidenta.
La mención de adelantar la revocación de mandato para el 2027 no es hacia la ciudadanía, sino hacia la estructura de Morena lo cual funciona como un recordatorio de quién moviliza el voto duro. Si la presidenta no logra alinear a las bancadas para el “Plan B”, el aparato podría usar la consulta para demostrar que el apoyo popular pertenece al fundador y no a la heredera, condicionando la gobernabilidad de la segunda mitad del sexenio.
El hecho de que se hable de castigar a los Monreal en Zacatecas y al grupo del Verde en San Luis Potosí –incluso con señalamientos públicos de traidores a la patria en otros estados como en Oaxaca—es indicativo de que 2027 será el año del ajuste de cuentas geográfico. Veremos una intervención directa en los procesos internos de estos estados para desplazar a los liderazgos “rebeldes”. La lección es clara: quien no vota con el movimiento, pierde su feudo.
La verdadera prueba para 2027 no será solo ver si Morena implosiona bajo el peso de su propia disciplina vertical, sino si la oposición es capaz de presentarse como una alternativa unida y coherente. Si los partidos opositores se limitan a sentarse a esperar que el oficialismo se devore a sí mismo, podrían descubrir, demasiado tarde, que el “voto duro” y el control del aparato estatal siguen siendo suficientes para sostener a un sistema que, aun bajo regaños y purgas, no está dispuesto a soltar el timón.
El reto para la oposición es dejar de ser espectadores del conflicto en Palacio y empezar a ser los arquitectos de una mayoría que hoy, por primera vez, parece posible si logran capitalizar el descontento de quienes ayer fueron compañeros de viaje del movimiento.
Su oportunidad no reside en esperar a que la ‘bestia’ muera por sus heridas, sino en ofrecer un refugio a quienes ya no caben en su vientre. El reto es transformar el desprecio de Palacio hacia sus aliados en una oferta de pluralidad real. Si el oficialismo ofrece súbditos, la oposición debe ofrecer socios.
El fondo del asunto no es solo un fracaso legislativo, sino la confirmación de que México sigue siendo rehén de un caudillo que no sabe retirarse y de una heredera que no quiere despertar del embrujo.
Esta sumisión de Sheinbaum ante el mando moral de Palenque tiene consecuencias que trascienden nuestras fronteras: explica esa posición política errática y debilitada frente a la administración de Trump, donde la soberanía nacional parece ser moneda de cambio para mantener el control interno del partido.
Mientras AMLO siga convencido de que ‘Morena es él’, la presidenta continuará sacrificando su autonomía y el futuro del país en el altar de la obediencia ciega. Para la oposición, el reto es demostrar que existe vida —y dignidad— fuera de ese trance, antes de que el costo de este cautiverio político termine por desmantelar por completo las instituciones que aún nos quedan.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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