Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
Una presidenta descuadrada y sola
Miércoles 11 de marzo de 2026
SHEINBAUM VIVE UN panorama descuadrado, por lo menos en lo que va del año.
El monitor Bloomberg / Latam Pulse ha documentado lo que parece ser el fin de la ‘luna de miel’ presidencial. Como una de las fuentes más equilibradas, sus registros al 27 de febrero confirman un repunte en el rechazo a la mandataria: su aprobación bajó del 62.8% al 56% en apenas treinta días. En contraste, la desaprobación escaló del 30.5% al 36.1%, alcanzando su techo histórico. El diagnóstico es claro: el peso de la corrupción y la inseguridad ya supera la fuerza de la narrativa oficial.
En su encuesta del dos de marzo, El Financiero le otorga un 72% de aprobación pero el mismo diario aclara que este repunte de ocho puntos se debió exclusivamente al operativo en Jalisco contra el “Mencho”. Antes del operativo, su aprobación estaba en 68%. Es una “popularidad de pólvora” pues sube cuando hay operativos espectaculares, pero se desploma cuando la realidad diaria vuelve a golpear.
Por su parte, Enkoll muestra en su reporte del 4 de marzo una aprobación del 75%, pero su análisis del 20% de desaprobación revela datos punzantes: el 26% cita la inseguridad como razón principal y un 15% menciona directamente al narcotráfico. Es el “talón de Aquiles” que refuerza la hipótesis de que el 40% del territorio nacional está bajo dominio criminal.
En esta erosión de popularidad, hay dos firmas que arrojan datos reveladores. Morning Consult reportó en enero un índice negativo de apenas el 29%; para febrero escaló al 38% y, al 9 de marzo, arrojó un 46% de negatividad frente a un 47% de aprobación. En solo 60 días, el rechazo subió 17 puntos. Es un desgaste inusual, propio de finales de sexenio.
Estadísticamente, esto es un colapso de la hegemonía: la brecha de +40 puntos que existía en enero se ha cerrado a solo un punto. Sheinbaum ha pasado de ser la líder más popular del mundo a una mandataria que lucha por no caer del umbral del 45%. (https://n9.cl/68wnd)
Sin embargo, el dato “venenoso” lo trae GobernArte en su reciente reporte del dos de marzo. En el segmento de 25 a 34 años, la aprobación cae drásticamente al 40.6%, mientras que la desaprobación sube al 54.9%. Es aquí donde el promedio se “tuerce” y muestra que la base del futuro —jóvenes del sector productivo— le está dando la espalda. (https://n9.cl/20uf0)
Hablamos de un universo de 18 a 19 millones de mexicanos; estamos ante el rechazo abierto de más de 10 millones de jóvenes adultos. No son ‘bots’, son los ciudadanos que sostienen la economía, pagan impuestos, rentas e hipotecas, y hoy le dicen ‘no’ a la gestión presidencial. Este grupo sufre la “triple crisis”: precariedad laboral, falta de vivienda y una canasta básica inalcanzable. A diferencia de los adultos mayores —el bastión de Sheinbaum—, ellos no viven de pensiones, sino de un trabajo que no rinde.
Son la “generación del miedo”. Salen de noche, usan transporte público y padecen la extorsión. Son pragmáticos, no ideológicos; se cansaron del discurso de “conservadores vs. liberales” mientras faltan medicinas y la infraestructura se cae a pedazos. El drama de Palacio Nacional es que su popularidad es nostálgica, no de futuro. La aprueban los que ya se retiraron o los que reciben becas, pero la reprueban quienes construyen el país.
Lo que emerge es un conflicto de realidades entre quienes viven del sistema y quienes lo sostienen. Para el sector productivo, el gobierno es una carga fiscal que no devuelve seguridad ni salud. Mientras tanto, el “ejército fiel” de la 4T —aquellos de 55 a 64 años con un 93% de aprobación— compara el presente con crisis pasadas bajo la narrativa de las transferencias directas.
Incluso los estudiantes (18-24 años) mantienen lealtad, pero su confianza se erosiona ante la nula expectativa laboral al egresar. Y aquellos que no han perdido su empleo, sienten que, bajo este régimen, su capacidad de consumo ha mejorado o al menos no ha colapsado. Son el soporte pragmático de la administración.
Mientras en enero la aprobación fue sólida, en febrero hubo un quiebre y en marzo un choque. A esto falta sumar el golpe a la imagen de Sheinbaum, medir la confianza, credibilidad y fuerza como gobernante (por aquello del presidencialismo cultural) cuyos momios podrán observarse en las encuestas del mes siguiente sobre todo una vez que se rechace su ley electoral y se vislumbre esto como un síntoma de debilidad.
Y eso que no se han medido en las encuestas aún las recientes palabras de Trump que colocan a México en el centro del huracán de la violencia a lo que habrá que sumar las críticas ácidas que le generarán a la presidenta una mala imagen creciente sobre el tema cuando mencionen su inacción contra el crimen organizado personajes de alto nivel como ocurrió recientemente en Costa Rica. Todo indica que Sheinbaum seguirá descuadrada por un buen rato.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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