Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
Soberanía o Santuario de Sicarios
Mates 10 de marzo de 2026
El pasado tres de marzo el Comando Sur (SouthCom), liderado por el general Francis Donovan, inició una ofensiva terrestre y marítima coordinada con el gobierno ecuatoriano de Daniel Noboa. Tres días después fuerzas conjuntas destruyeron campamentos “narcoterroristas” en la provincia de Sucumbíos en la frontera con Colombia.
El secretario de Defensa de EU, Pete Hegseth, fue tajante: “Estamos bombardeando a los narcoterroristas en tierra… mucho más por venir”. Esta presión militar directa está provocando una desbandada de mandos medios y expertos en logística de grupos como Los Choneros y Los Lobos, quienes ven en México el único refugio donde los gringos aún no tienen “botas sobre el terreno”.
El “Modelo Ecuador” de soberanía compartida es el plan maestro de Trump que ya aceptaron los 17 países que conforman el “Escudo de las Américas”. Mientras Milei en Argentina anuncia la modernización de la base naval de Ushuaia con fondos de Washington, Bukele en El Salvador ha convertido a su policía en una extensión de la inteligencia estadounidense mediante el intercambio de datos biométricos en tiempo real.
Hoy, una veintena de organizaciones criminales están en la mira del “misil” de la película Peligro Inminente (1994). Aquella ficción nació del ataque real que tocó a la puerta de Gadafi en 1986 con bombas dirigidas por láser; evolucionando en 2011 cuando la OTAN desvivió al tirano libio con 110 misiles crucero Tomahawk. Esa imagen —la del misil que puede caer en cualquier lugar— ha quedado registrada en el ADN de los líderes criminales. Trump ya avisó: los misiles pueden tocar a sus puertas y acabar con todos los moradores.
Desde septiembre de 2025, bajo la Operación Southern Spear, EU ha ejecutado más de 44 ataques aéreos contra embarcaciones, dejando cerca de 150 muertos. Pero ya no son solo “narcolanchas”; el Pentágono ha comenzado a atacar objetivos en tierra en zonas controladas por el narco en países aliados como ocurrió en Ecuador en este inicio de marzo.
El dilema para México y el paraguas de soberanía de la presidenta Sheinbaum es que nuestro país se está perfilando como el paraíso de los refugiados del narco. Aquí creen tener un lugar seguro sin el temor del misil. Informes mencionan que especialistas en guerra de drones y explosivos de Los Lobos y Los Choneros ya abren camino en nuestro territorio, reclutados principalmente por el CJNG.
A ellos se suma el Clan del Golfo de Colombia, integrado por exmilitares con capacidad en contrainteligencia que ingresan como “turistas” para entrenar sicarios locales en tácticas de emboscada e inhibidores de señal.
Desde el sur, Brasil y Paraguay, el Primer Comando de la Capital (con sus células en Argentina Los Monos o Bandas del Rosario) y el Comando Vermelho, aportan su maestría en logística financiera y criptoactivos, así como el control de puertos de gran calado, mientras que el Tren de Aragua –nacidos en Venezuela–, se infiltra en los flujos migratorios para tomar plazas urbanas tras ser “limpiados” de Chile y Perú, estos delincuentes organizan el flujo migratorio hacia México.
Incluso la MS-13 y Barrio 18, ante el exterminio en El Salvador, han migrado a Chiapas para laborar como sicarios de los cárteles mexicanos. La red se extiende desde los cárteles panameños Bagdad y Calor Calor, hasta los Mendoza en Guatemala bajo el cobijo de Los Zetas, y los Trinitarios de República Dominicana. Por algo Trump sostiene que México es el epicentro de la violencia.
El mapa criminal de las naciones aliadas de Trump (centrado en los bloques más activos) ya centró su planificación en tres: Bloque Andino (El “Epicentro” del Escudo) con Ecuador, Perú y Bolivia; Bloque del Cono Sur (El “Muro” del Atlántico), integrado por Paraguay, Argentina, Uruguay y Chile y Bloque de Centroamérica y el Caribe (El “Filtro” Terrestre) El Salvador, Panamá, Guatemala y República Dominicana.
La estrategia de Trump no es una fila de fichas de dominó; es una demolición controlada donde todos los explosivos detonan a la vez. El Escudo de las Américas pretende que, para cuando el primer misil toque suelo en Ecuador, el último ya esté sobrevolando los límites de cada país aliado. La uniformidad del ataque es su mayor arma: no dejar a nadie con vida para reorganizar el negocio.
Será una “ventana de hierro” de noventa días antes del Mundial. México, como flanco débil, flexibilizará el ingreso de 5.5 millones de visitantes, incluyendo a los criminales que huyen del misil. El suelo azteca será el reducto de esta legión extranjera, con especial foco en Nuevo León, Jalisco y la CDMX, las sedes futboleras.
Sheinbaum enfrenta un dilema superior: ¿Soberanía o Seguridad? Trump no necesita invadir México para ganar; solo necesita sentarse a esperar que la violencia interna, alimentada por estos fugitivos de élite, obligue a México a pedir ayuda.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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