Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
Narconómina: El engranaje del poder
Viernes 27 de febrero de 2026
HAY DOS CLAVES básicas que mantienen a cualquier organización viva: siempre pagar a tiempo sus compromisos y generar perspectivas de crecimiento individual. Todo lo demás, aunque importante claro está, debe estar fincado en diferentes soportes.
Hay que tomar en cuenta que todo es medible: desde productividad, reforzamiento de la estructura y crecimiento, cuidado de la imagen, equipamiento y mantenimiento, son troncales fortalecidos en los dos primeros puntos, con creatividad, liderazgo táctico, desarrollo de procesos adecuados (como la estrategia para pagar a miles de colaboradores en tiempo y forma) y el cierre de acuerdos o complicidades.
Este modelo de negocios, espejeado en diferentes plazas, se convierte en una franquicia que con proveedurías y procedimientos establecidos conformaron al CJNG en una organización delictiva que caminaba sola en 25 estados del país y 40 países del mundo hasta el fallecimiento de Nemesio Oceguera.
Según la narconómina publicitada, es factible establecer que el cártel cuenta con sueldos base que van de los tres mil pesos semanales a los halcones (vigilantes), cuatro mil a“muchachos de choque” y cinco mil a los “informantes externos”. Por eso es raro ver muchachos de la calle o viviendo en alcantarillas.
Se calculan entre 30 y 35 mil operadores básicos que laboran para el cártel. Pongamos números grandes: 35 mil por 20 mil, lo que nos da 700 millones de pesos mensuales base.
Ahora bien, se dice que son entre dos mil y cinco mil los comandantes de célula con un sueldo de entre 24 mil y 40 mil pesos mensuales (200 millones) y mandos regionales (entre 200 y 500 elementos que ganan entre cien mil y 500 mil), que nos daría 250 millones más.
En total de personal serían algo así como mil 150 millones de pesos mensuales un 10% si tomamos en cuenta que se le calculan ingresos por 18 mil mdp mensuales, no hay que olvidar que como franquicia se pagan regalías y que están metidos en todos los rubros delincuenciales en mayor o menor medida.
A esto hay que restar un 40% de logística y materia Prima, un 30% de reinversión y utilidad y un 20% por pago de blindaje a políticos, funcionarios y policías de cualquier nivel. En total, les queda cinco mil 500 millones de pesos mensuales, según se ha manejado en medios, la cantidad que se le calcula que tiene el Tío Richie como fortuna personal.
Por eso el CJNG “camina solo”. Con ese excedente, la organización puede permitirse pérdidas (decomisos, bajas de sicarios) sin que su estructura financiera se tambalee. Es un modelo donde la utilidad es tan alta que el riesgo, por más alto que sea, sigue siendo rentable.
Incluso tampoco les hacen gran cosa como cuando hace ocho meses el gobierno de EU les quitó propiedades y cuentas bancarias https://n9.cl/mscnj al tener el mundo para mover el recurso monetario y no escondido en cuevas como lo hacía Pablo Escobar en Colombia.
Una vez que cualquiera recibe una cantidad ya está dentro. Aquellos que ganan el salario básico –contratación sin experiencia–, saben que, como dijimos al principio, tienen la oportunidad de incrementar sus ingresos al tener acceso al “botín de guerra” tras enfrentamientos y saben que pueden encumbrar a ser comandantes de célula y acrecentar significativamente su ganancia.
¿Qué puede pasar como organización?
Una vez que el CEO (El Mencho) no está, como toda corporación de alto rendimiento, el CJNG enfrenta riesgos estructurales que pueden llevarla al colapso por una sucesión, accidentada que conllevaría a una fragmentación, pérdida de la “marca” (su liderazgo aseguraba la garantía de los franquiciatarios) y una disputa interna (apoderamiento del mayor número de quienes conforman las bases) que provocarían un desangrado volviéndola vulnerable ante rivales como el Cártel de Sinaloa.
Tiene el riesgo de “Asfixia Institucional” (Riesgo Político). El modelo de la “narconómina” funciona mientras el Estado sea cómplice o sea débil. Con la caída del líder, muchos políticos cooptados pierden su “paraguas de protección”, la organización pierde sus ojos y oídos dentro del gobierno. Aunado a ello, si hay un corte del flujo financiero –bloqueo de cuentas de “empresas fachadas”–, la organización no podrá cumplir con su regla de oro: “pagar a tiempo sus compromisos”. Una nómina que se retrasa es una nómina que traiciona.
Se vive también el riesgo tecnológico y logístico o de mercado pues gran parte de su capital se maneja en criptomonedas y las agencias internacionales pueden desarrollar mejores algoritmos de rastreo, congelando su utilidad neta antes de que llegue a las calles.
Asimismo, y como el mercado de las drogas es volátil, si surge una nueva sustancia que no requiere su infraestructura como organización o bien, el fentanilo genera una respuesta militar internacional (como se ha amagado en EU), el modelo de negocio colapsaría por falta de demanda segura.
Ahora bien, también es visible el riesgo de insolvencia que pagan a políticos, funcionarios y policías, es decir, para que la organización “camine sola”, debe evitar que el costo del blindaje suba demasiado.
Ante la presión federal de seguro exigirán pagos más altos por el riesgo incrementado. Si el costo de mantener a estos personajes de gobierno en la nómina supera la rentabilidad de la plaza, la “franquicia” deja de ser negocio. En este mismo umbral hay que colocar a posibles, e importantes cómplices cooptados con sumas millonarias periódicas.
A nivel mundial se corre el riesgo de que, ante una falta de congruencia interna –surjan varias cabezas–, ¿quién les garantiza el pago a los proveedores?, ¿a quién y en donde deberán entregar sus productos?, se desestabilizaría la cadena de suministros provocando caos sobre todo porque en aquellos países también deben ser eficaces en el pago a sus bases y mandos.
En última instancia, el CJNG ha demostrado que, en el ecosistema criminal moderno, el poder no emana de los balazos, sino de la puntualidad de una tesorería. Su capacidad de funcionar como reloj ha dependido de una estructura de costos donde la vida humana es el insumo más barato y el blindaje político el activo más caro.
Sin embargo, al perder su eje gravitacional (El Mencho), la organización entra en una fase de vulnerabilidad sistémica. La paradoja de su éxito es también su mayor amenaza:
Si la persecución institucional logra que el costo del blindaje supere el margen de utilidad, o si la fragmentación interna rompe la unidad de la “marca”, el modelo de franquicia se vuelve insostenible.
Es la trampa del flujo que puede llevar a la mutación del peligro y al nacimiento de cientos de células mercenarias –en cualquier país–, que sustituirían la logística del fentanilo y demás accesos productivos, por la depredación social directa y rápida (pues hay que mantener a la base), con la extorsión y el secuestro como activos para sobrevivir, como ha ocurrido cuando otros cárteles se quedan sin un titular que servía como pegamento de intereses de todo tipo.
EN FIN, POR hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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