Columna Olor A Dinero
Feliciano J. Espriella
Tereso Medina será el nuevo zar cetemista
Martes 24 de febrero de 2026
La llegada de Tereso Medina a la CTM no representa renovación, sino la consolidación de un modelo sindical vertical y opaco que frena los derechos laborales y debilita la competitividad del país.
La Confederación de Trabajadores de México CTM confirma, una vez más, que el viejo sindicalismo corporativo no muere: simplemente cambia de operador. Lo que se presenta como un relevo terso y unánime es, en realidad, otra imposición de cúpulas alejadas de los trabajadores. A partir de hoy, Tereso Medina Ramírez asumirá la Secretaría General encabezando una “planilla de unidad” que nadie eligió. Un mecanismo diseñado para evitar sorpresas, desalentar inconformes y asegurar que el poder cambie de manos sin alterar el orden establecido.
La CTM no transita hacia la democracia interna; se aferra a sus rituales de simulación. Y la llegada de Medina, lejos de renovar, profundiza la crisis moral de un organismo que alguna vez articuló la fuerza obrera y hoy opera como un aparato que protege intereses ajenos a la clase trabajadora y, en ocasiones, contrarios al desarrollo económico del país.
El perfil del agraciado
La imagen pública de Medina ha sido pulida con entrevistas generosamente difundidas en radio, televisión, plataformas digitales y medios escritos. Un despliegue que, según versiones dentro del propio sindicalismo, costó una fortuna. Ahí se presentó como un líder moderno, dialogante y preocupado por el futuro laboral. Pero ese rostro mediático contrasta con un expediente saturado de acusaciones por corrupción, persecución política de rivales internos y maniobras que han llegado incluso a tensar compromisos internacionales de México.
Durante el liderazgo de Carlos Aceves del Olmo, la CTM acumuló una larga estela de prácticas cuestionables. Con Medina no se rompe esa continuidad: se asegura. Su historial incluye señalamientos por intervenir sindicatos rebeldes, manipular fiscalías estatales y utilizar su poder para reordenar liderazgos “a la carta”. El nuevo secretario general no llega a limpiar nada: llega con brocha negra.
Las manos que moldearon la “unidad”
La planilla que lo acompaña tiene poco peso real y menos autonomía. Es una colección de nombres acomodados para cumplir el trámite. Desde semanas atrás, todo estuvo amarrado para impedir cualquier competencia: federaciones alineadas, opositores desplazados y un proceso blindado.
Un grupo minoritario de líderes pidió realizar la elección conforme a los estatutos. La respuesta fue: “aquí así se ha hecho siempre”. La instrucción era clara: nada debía poner en riesgo la llegada del candidato designado. Ese es el estilo que anticipa su gestión: vertical, sin deliberación, sin contrapesos. Un sindicalismo que avanza hacia el pasado.
El caso Piedras Negras: una radiografía del método
El episodio más revelador del comportamiento político de Medina ocurrió en Piedras Negras, el segundo municipio más poblado de Coahuila. Ahí, el dirigente local decidió alinearse con Morena y el PT —por la vía democrática—, rompiendo con el control histórico del grupo estatal. La consecuencia fue inmediata: se le fabricó un delito de extorsión y se le envió a prisión. Cuarenta días encarcelado por una acusación que, según diversas voces, no resistía el menor análisis.
Pero lo verdaderamente grave vino después. De acuerdo con versiones internas, Medina habría conversado con el hijo del detenido para ofrecerle que su padre “pasara las navidades en casa” a cambio de firmar documentos con los cuales cedía propiedades. Ese diálogo fue presuntamente grabado y es la base de una demanda de extorsión que se prepara. Aún más delicado: en esos mismos documentos se habría incluido la cesión de contratos colectivos. Un acto jurídicamente imposible. Los contratos colectivos no son bienes negociables ni pueden entregarse por conveniencia
política; pertenecen a los trabajadores. La sola insinuación pinta de cuerpo entero el tipo de liderazgo que está por encabezar a la central obrera.
Los expedientes que ya cruzaron fronteras
El caso de Piedras Negras no es el único. Existen denuncias formales ante la FGR por extorsión, donde los denunciantes presentaron un audio que presuntamente exhibe cómo Medina ofrecía la libertad del dirigente encarcelado a cambio de renunciar a todos sus derechos sindicales. La disputa se originó en una huelga en la empresa VU Manufacturing, un conflicto que escaló al grado de activar el Mecanismo de Respuesta Rápida del T-MEC. Que un líder sindical provoque tensiones internacionales no es un pleito menor: afecta la competitividad del país, las cadenas de suministro y la confianza de los inversionistas.
A eso se suma una investigación relacionada con un presunto fraude mediante tecnología deepfake que habría afectado a figuras cercanas a la propia dirigencia nacional. No hay conclusiones firmes, pero la existencia misma del expediente añade otra sombra al perfil del nuevo secretario general.
Y aún tiene más saldos en su contra. Se le acusa de abandonar a trabajadores en momentos críticos, como ocurrió en los despidos masivos de la planta de General Motors, donde cerca de 1,900 empleados quedaron con lo mínimo que marca la ley, sin una defensa sindical digna de su tamaño y poder.
Finalmente, su trayectoria política es un ejemplo clásico de “charrismo adaptable”: un priista duro que, cuando conviene, busca las fotos con figuras de Morena. Lo importante no es la ideología, sino la permanencia en la cúpula.
Cuando el gran capital sonríe
Quizá lo más preocupante no es lo que Medina arrastra, sino lo que representa. Hay empresarios que lo consideran un interlocutor “seguro”, alguien con quien se puede negociar sin sorpresas. Se dice incluso que figuras de alto calibre fueron convencidas de respaldarlo por considerarlo conveniente para la estabilidad laboral.
Esa palabra —estabilidad— suele significar otra cosa: sindicatos dóciles que no incomodan.
Si un dirigente señalado por extorsión, intervenciones sindicales y prácticas antidemocráticas resulta “aceptable” para parte del sector productivo, el mensaje es demoledor. Significa que algunos prefieren un sindicalismo subordinado a uno que realmente defienda derechos. Y eso es un obstáculo para la competitividad tanto como cualquier incertidumbre macroeconómica.
Un freno para los trabajadores y para el país
El ascenso de Medina es un freno, no un avance. México necesita sindicatos fuertes, democráticos, capaces de equilibrar la relación laboral sin colocar al país en conflictos internacionales. Pero lo que se impone hoy es un modelo distinto: organizaciones que se mueven al ritmo que marcan quienes controlan sus estructuras, ajenas a la base trabajadora y alineadas a intereses políticos o empresariales.
Cuando la CTM renuncia a democratizarse, no solo traiciona a sus afiliados: compromete la productividad, inhibe la innovación, encarece los conflictos laborales y coloca a México en una posición vulnerable frente a sus socios comerciales. Un sindicalismo sometido no fortalece a nadie. Al contrario: debilita a la clase trabajadora y distorsiona el entorno económico del país.
Conclusión
México enfrenta una coyuntura en la que los derechos laborales y la competitividad son inseparables. Sin embargo, la CTM opta por repetir viejas fórmulas, reciclar liderazgos cuestionados y clausurar cualquier intento de apertura. Con la llegada de Tereso Medina, la central no solo reitera su negativa a democratizarse: institucionaliza un estilo de
conducción que, lejos de servir a los trabajadores, los deja sin voz y sin defensa. Y eso, guste o no, termina afectando a toda la economía.
Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
