Columna Olor A Dinero
Feliciano J. Espriella
Economía sonorense: crecimiento de élite, estancamiento de a pie
Viernes 20 de febrero de 2026
El dinamismo exportador oculta una economía interna debilitada. La minería vive un repunte histórico, pero el campo y el consumo local muestran señales de alarma.
Sonora presume crecimiento. El discurso oficial habla de dinamismo exportador, récord de manufacturas y oportunidades derivadas del nearshoring. Todo eso es cierto… pero incompleto. Tras la narrativa luminosa se esconde una economía interna debilitada, un campo bajo presión climática y un mercado laboral que avanza a dos velocidades. La discusión no es si Sonora crece, sino quién está creciendo, y sobre todo, quién se está quedando fuera.
El impulso exportador es innegable. La industria aeroespacial y la manufactura de alta precisión consolidan a Sonora en los mapas internacionales. El sector automotriz —con plantas como Ford Hermosillo— mantiene un ritmo competitivo, mientras los parques industriales viven una ocupación cercana al límite. Nearshoring no es promesa: es realidad. La frontera norte se ha convertido en una extensión funcional de Estados Unidos, con más proveedores, más logística y más presión sobre infraestructura.
A este dinamismo se suma un actor que vuelve a brillar: la minería. Sonora no solo encabeza la producción nacional de cobre; también recupera protagonismo en oro y plata, hoy en auge global como refugios financieros. El repunte de precios y la expansión de proyectos reafirman un liderazgo histórico que muchos daban por estable, pero que ahora se acelera. La minería vuelve a mover la aguja y, junto con el sector aeroespacial, coloca a Sonora en un sitio estratégico del mapa económico nacional.
Pero esa es solo la mitad del cuadro. El mercado interno no experimenta el mismo dinamismo. Comercio y servicios avanzan lentamente. La razón es simple: los salarios elevados del sector global no son la norma. La mayor parte de la población trabaja en actividades con ingresos modestos, insuficientes frente al alto costo de la vida en ciudades como Hermosillo, donde vivienda, energía y transporte absorben buena parte del ingreso. La economía interna se mantiene frágil porque las ganancias del nearshoring no han permeado al consumo local.
El campo vive su propia tormenta. El invierno anormalmente caluroso está poniendo en riesgo cultivos emblemáticos:
· La uva de mesa enfrenta menor acumulación de horas frío.
· Los frutales muestran brotaciones desfasadas, vulnerables a plagas.
· El trigo podría registrar menores rendimientos si persiste la variabilidad térmica.
En agricultura, un invierno cálido no es alivio: es advertencia. Y cuando el clima cambia más rápido que la capacidad de adaptación, la incertidumbre se convierte en regla.
A esto se suma una decisión externa con impacto local: el cierre temporal de la frontera para la exportación de ganado hacia Estados Unidos. La medida ha frenado a miles de pequeños y medianos productores, generando pérdidas que no aparecen en los discursos oficiales. El comercio binacional es un ecosistema delicado: cuando se detiene, el daño es acumulativo.
En contraste, tres sectores sí están empujando la economía: aeroespacial, minería y logística. El primero por su especialización; el segundo por su renovado valor estratégico en cobre, oro y plata; el tercero porque el nearshoring exige más transporte, más aduanas operando y una red carretera que soporte la carga creciente. Pero estos sectores enfrentan también sus riesgos: infraestructura insuficiente, energía cara y una brecha de talento técnico que comienza a sentirse.
Lo que hoy vive Sonora es crecimiento sin derrame. La manufactura global no dialoga con el pequeño comercio. La minería no genera cadenas de valor locales. La logística avanza más rápido que la planeación estatal. El resultado es una economía de élite conviviendo con un estancamiento silencioso.
¿Qué hacer? En el mediano plazo, urge reconvertir el campo hacia esquemas resistentes al clima, normalizar la exportación de ganado con diplomacia económica eficaz y crear incentivos para que más proveedores de la cadena exportadora se instalen en Sonora, no solo operen desde fuera. En el largo plazo, Sonora debe apostar por energía barata —aprovechando su potencial solar—, salarios que fortalezcan el mercado interno y una diversificación hacia sectores como dispositivos médicos, energías limpias y semiconductores.
Sonora no está inmóvil, pero tampoco vive un boom generalizado. Crece arriba, se estanca abajo. El desafío es decidir si seguimos administrando la brecha… o si finalmente trabajamos para cerrarla.
Me despido con un comercial: sintonicen a las 6:10 AM, “La Caliente” 90.7 FM. El colega y amigo José Ángel Partida me abre un espacio en su noticiero en el que comentaremos con más detalle esta columna. ¡No se lo pierdan! Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima
