Un partido en movimiento: la visión de Vicky Espinoza

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

Un partido en movimiento: la visión de Vicky Espinoza

Lunes 16 de febrero de 2026

La diputada Vicky Espinoza defiende a Morena como un partido vivo, perfectible y en evolución constante, comprometido con mantener su mística fundacional mientras avanza hacia el “segundo piso” de la transformación bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum.

María Eduwiges Espinoza Tapia, más conocida como Vicky, es sin duda alguna una morenista de “cepa” que lleva al partido arraigado en la médula. Como fundadora en Sonora de Morena, a donde ingresó por convicción y coincidencia con sus valores y principios, lo defiende con enjundia y evidente convicción, con argumentos que podrían convencer incluso a algunos de sus opositores.

El pasado 2 de febrero nos acompañó a los periodistas que integramos la mesa de análisis “Kiosco Mayor”. Rescato, de entre los muchos temas que estuvieron sobre la mesa, el relativo precisamente a Morena —enfatizó que es un “partido en movimiento” y también “un partido vivo y en constante evolución”—: sus orígenes, su estatus actual, así como su evidente admiración y apoyo incondicional hacia Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum.

Para la diputada, Morena no es una estructura rígida ni concluida. Es un organismo político en proceso de consolidación, que aún atraviesa ajustes internos y etapas de maduración. Recordó los momentos de renovación de consejerías y los debates internos que han marcado su historia reciente. Desde su perspectiva, esas tensiones no representan fractura, sino vitalidad.

Esa idea de “partido vivo” implica pluralidad y capacidad de reajuste. Morena —sostiene— está conformado por seres humanos perfectibles, lo cual supone la posibilidad de cometer errores, pero también la obligación de reconocerlos y rectificar. La autocrítica, en su visión, es parte esencial de la identidad del movimiento. No se trata de negar fallas, sino de asumirlas y corregir el rumbo cuando sea necesario.

Uno de los conceptos que más subrayó fue el de la “mística”. Para ella, Morena nació con una misión clara: la regeneración nacional y la transformación de un régimen político que considera caduco por no haber dado respuesta a la ciudadanía. Mantener esa mística significa conservar el apego al pueblo y no perder la razón de ser que dio origen al movimiento. Ser “la esperanza de México”, como ella lo expresó, no es una consigna retórica, sino una responsabilidad permanente.

En ese contexto ubicó el llamado “segundo piso” de la transformación. A su juicio, esta nueva etapa no representa una ruptura con el proyecto original, sino su consolidación y fortalecimiento. Claudia Sheinbaum, en su calidad de presidenta de la República, encabeza ahora la fase de profundización institucional del movimiento. No es una simple continuidad administrativa, sino un proceso de reforzamiento y expansión del proyecto iniciado por López Obrador.

La diputada reconoce en López Obrador al referente moral y fundador del partido. Pero también subraya que el liderazgo de Sheinbaum posee convicción y firmeza propias. La describe como una figura institucional que asume el relevo con claridad de rumbo y con el propósito de fortalecer los cimientos ya construidos. En su opinión, el tránsito de liderazgo no diluye la esencia del movimiento, sino que la proyecta hacia una etapa de mayor consolidación.

Vicky Espinoza también destacó el papel de la dirigencia nacional encabezada por Luisa María Alcalde, quien, según dijo, mantiene la convicción de regresar a las raíces y evitar que Morena pierda su identidad fundacional. En esa visión, partido y gobierno deben avanzar en paralelo: uno profundizando la transformación desde el ejercicio del poder, y el otro cuidando la mística que dio origen al movimiento.

El reto, sin embargo, es evidente. Todo partido que pasa de la oposición al gobierno enfrenta la tensión entre identidad y administración, entre discurso transformador y gestión cotidiana. Morena no es la excepción. Su condición de fuerza dominante le exige demostrar que puede conservar su espíritu fundacional mientras ejerce responsabilidades de Estado.

Desde la óptica de la diputada, la clave está en la coherencia: mantener el apego al pueblo, fortalecer la formación de servidores públicos y conservar la capacidad de rectificación. Morena, dice, aún tiene camino por recorrer y reajustes por hacer. Se asume como una obra en construcción.

La historia política demuestra que la consolidación es la etapa más compleja de cualquier movimiento. La mística no se hereda automáticamente; se sostiene con resultados, congruencia y disciplina interna. En esa tarea se encuentra hoy Morena, según la mirada de una de sus fundadoras en Sonora: preservar su identidad mientras edifica el segundo piso de su propio proyecto.

Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

https://oloradinero.com/vernoticias2.php?artid=62083&cat=66

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