Mujeres: dos formas de morir

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Columna El Zancudo

Arturo Soto Munguía

Mujeres: dos formas de morir

Viernes 6 de febrero de 2026

La muerte se levantó temprano en Hermosillo. Ya para las ocho de la mañana, estaba acechando, agazapada en algún rincón del estacionamiento subterráneo del Edificio México, del Centro de Gobierno; oficinas que se apilan en un diseño que en su tiempo quiso ser modernista pero que se asemeja más a las construcciones de la Europa comunista de la primera mitad del siglo pasado: cuadrados, líneas rectas, colores tristes, estandarizados, monótonos en simetrías interesadas en la homogeneidad que reniega de la delicadeza y la osadía de las culturas que le precedieron.

 Junto a la zona de los palacios de gobierno, los edificios del Vado del Río son, por la naturaleza de las actividades que allí se desarrollan, de las más vigiladas de la capital. Apenas cruzando el bulevar Vildósola está la sede de la Fiscalía estatal, siempre llena de agentes policiacos, pero los edificios de gobierno -estatal y federal- siempre cuentan con vigilancia privada y un buen número de cámaras de video.

 Por algún lugar, un hombre armado entró al estacionamiento subterráneo del Edificio México y esperó que apareciera Wendoline, empleada del ISSSTE que a esa hora llegaba, como todos los días laborales a su trabajo. Iba a tomar escaleras arriba cuando el tipo se le acercó por la espalda y le disparó a quemarropa, asesinándola allí mismo, dejándola tendida en un charco de sangre.

 El asesino salió como había entrado y de su identidad nada se sabe, pues iba embozado. Las autoridades revisan las grabaciones y entrevistan a gente que se encontraba cerca del lugar, pero no hay hasta hoy, elementos consistentes para conocer el móvil del asesinato, ni rastros del asesino.

Solo hay familias enlutadas, desazón y angustia entre sus compañeros de trabajo y la sensación, esa amarga sensación de que la muerte está siempre agazapada, acechando, lista para arrancar otra vida, en el lugar menos esperado.

 II

Amanda Pérez Bolaños se llama la titular de Comunicación Social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero su nombre no era conocido más allá del círculo en el que se desenvuelve, pero ayer pergeñó sus segundos de fama mundial cuando, diligentemente se puso en cuclillas para limpiar los zapatos del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz.

 Públicamente, frente a cámaras y micrófonos, la joven licenciada en relaciones internacionales por el ITAM sumó en ese gesto una palada más de tierra al daño reputacional por el que pasa el nuevo Poder Judicial presidido por primera vez en la historia por un indígena mixteco, y que no termina de salir del escándalo por la adquisición de lujosas camionetas blindadas para sus ministros.

 Los hechos, en las afueras del Teatro de la República en Querétaro para la conmemoración de un aniversario más de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, un acto protocolario con el que se ensalza la consagración de la Carta Magna, el documento que rige y enmarca los derechos de todos y todas en un concierto de igualdad, democracia, no discriminación…

 Las explicaciones salen sobrando. El ministro presidente declaró que Pérez Bolaños tiró accidentalmente el café con el que acompañaba una concha de nata y le salpicó los zapatos “y trató de resolver la situación”. En realidad, la joven empleada del Poder Judicial se puso de hinojos (otro hombre también lo hizo) para limpiar los zapatos de Hugo Aguilar, que los dejó hacerlo, complaciente y hasta con una leve sonrisa en el rostro.

 La escena fue brutal por el toque intimista de un acto reflejo que ignoró el espacio público para remitir a lo que se infiere, sería una práctica común, rutinaria en lo privado. No fue un gesto de amabilidad ni cortesía, sino el reflejo de una relación de poder, de un orden jerárquico en el que los empleados deben limpiar -literalmente- los zapatos del jefe sin importar el entorno.

 Si eso sucede en público, imagine usted, insumisa lectora, machista lector, lo que sucede en privado, en los espacios cerrados de las oficinas donde laboran los protagonistas de esta historia.

 A Wendoline la mató un hombre descargando su pistola en el sótano del edificio México del Centro de Gobierno en Hermosillo. A Amanda la mató -metafóricamente- el hombre investido guardián de la letra constitucional, de los derechos y las igualdades, grabó en piedra una estampa que ilustra con brutal ferocidad la peor cara de la desigualdad, la fragilidad de una mujer jerárquicamente inferior en la escala de un sistema históricamente permeado por el machismo y los privilegios.

Todo lo contrario: a la letra de la Constitución quedará para siempre en esa estampa de miedos, asimetrías y claudicación -voluntaria o involuntaria- de los derechos consagrados en la Carta Magna que supone, con infantil ingenuidad o perverso cinismo, que todos somos iguales ante la ley. Pero no ante las cámaras.

 Qué asco, neta.

 III

  Pasemos mejor a cosas más amables. Acá en Hermosillo se llevó a cabo la décimo octava edición de la Copa FOHR, un torneo de basquetbol que convocó a unos 20 mil participantes, entre equipos y afición que esta semana estuvieron conviviendo y compitiendo en un ambiente de fiesta donde la animosidad se desbordó en el mejor ambiente de una justa deportiva que ya llegó para quedarse.

 Hay que abonarle el mérito, sin regateos al organizador de esta competencia, Rodrigo Flores Hurtado a quien le sobra pila para ponerse al frente de esta convocatoria, después de sacar adelante más que decorosamente el programa de Uniformes Escolares Gratuitos, que no es cosa menor si se considera la logística para beneficiar a más de 130 mil estudiantes de todo el estado con el kit que incluye playera Polo, pantalón/jumper, y calzado.

 Fueron 150 equipos disputándose sobre las duelas del Colegio Regis los primeros lugares de esta competencia, y no solo de Sonora, sino que participaron también las quintetas de Sinaloa y Chihuahua en categorías femenil y varonil desde los 5 a 6 años hasta de la 17 a 18.

 Por cierto, y nomás para dejar la víbora chillando, si el secretario de Educación y Cultura, Froylán Gámez se lanza a una candidatura por un cargo de elección popular, ¿quién creen ustedes que podría sacar la chamba en el tramo que le queda a la administración de Alfonso Durazo en esa recta final?

 Yo, debo admitir, no lo sé, pero lo supongo…

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