La tercera y última guerra mundial pende de un hilo

r4
r4
5 Min Read

Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

La tercera y última guerra mundial pende de un hilo

Miércoles 4 de febrero de 2026

El planeta se acerca peligrosamente a un conflicto mayor entre Estados Unidos e Irán, con señales que apuntan a una escalada inédita. Y mientras tanto, en México, cierta comentocracia sigue distraída en chismes de pasillo.

El mundo se está moviendo hacia su auto destrucción. Y lo está haciendo más rápido de lo que muchos gobiernos reconocen, más de lo que los mercados descuentan y, desde luego, mucho más de lo que algunos opinadores mexicanos parecen entender. Lo sucedido ayer —los incidentes que involucraron a un dron iraní y un caza estadounidense— es una advertencia seria de que la confrontación entre Estados Unidos e Irán podría escalar a niveles que hace apenas unos meses parecían improbables.

De acuerdo con reportes militares, un dron iraní fue derribado sobre el Mar Arábigo después de acercarse peligrosamente a posiciones operativas de la marina estadounidense. Horas antes, un F-35 disparó contra un Saeed 139 iraní que se aproximaba al portaaviones estadounidense desplegado en la zona. Ambas maniobras, aunque aisladas, no ocurrieron en el vacío. Son parte de un tablero geopolítico saturado de tensiones donde cada movimiento puede convertirse en un catalizador.

Lo preocupante no es el incidente como tal, sino lo que significa: la línea delgada entre una maniobra defensiva y el inicio de un enfrentamiento directo. Y aún más: la creciente disposición de actores como Israel a responder con fuerza extrema —incluyendo armamento nuclear— si perciben que la situación se sale de control o si Irán responde de manera simétrica. La narrativa pública de altos funcionarios estadounidenses e israelíes ha sido suficientemente clara: si son atacados con proyectiles de alto impacto, responderán con todo su arsenal disponible. Esa frase, “todo su arsenal disponible”, nunca es inocente.

Pero en paralelo a esta tensión militar, ocurre otro fenómeno que pasa inadvertido: la silenciosa cooperación estratégica entre Rusia e Irán. Moscú ha vendido a Teherán un número significativo de helicópteros de ataque MI-28, aeronaves que fortalecen la capacidad operativa iraní justo cuando Washington incrementa su presencia militar en la región. El mensaje es transparente: si Estados Unidos arma a sus aliados, Rusia hará lo propio. El equilibrio de poder se mueve hacia una dinámica peligrosa donde cualquier error de cálculo puede ser fatal.

El riesgo real no es solo una confrontación entre dos países enemigos. El peligro es que, por la red de alianzas, compromisos y rivalidades, un conflicto regional pueda convertirse rápidamente en una conflagración global. Los estrategas militares lo llaman “escalada por arrastre”: un ataque limitado que activa compromisos automáticos de defensa entre potencias. Es el tipo de secuencia que dejó cicatrices en el siglo XX y que podría reescribirse para el XXI.

Y mientras el planeta se posa sobre este abismo geopolítico, en México algunos de nuestros más distinguidos opinadores —que todo lo saben y lo que no, lo inventan— siguen discutiendo si Adán Augusto López salió del Senado por decisión propia o si la presidenta lo mandó de patitas a la calle. También especulan, con su infalible bola de cristal, cuándo Ricardo Monreal seguirá el mismo camino. Parece que para ciertos analistas, el mundo puede temblar, pero mientras haya chisme político local, nada más importa.

Vivimos un momento que merece ser observado con seriedad. No se trata de sembrar alarmismo, sino de reconocer que la dinámica entre Estados Unidos, Israel, Irán y Rusia se está acelerando y que, por primera vez en décadas, se habla con naturalidad de la posibilidad de que se utilice armamento nuclear táctico. Que esta conversación exista ya es, por sí misma, una señal preocupante.

México no puede vivir aislado de la realidad internacional. Nuestra economía, nuestras exportaciones y nuestra estabilidad dependen de un entorno global que hoy es frágil. Lo que ocurra en el Estrecho de Ormuz, en el Mediterráneo o en el Mar Arábigo puede tener efectos directos sobre el precio del petróleo, el tipo de cambio y la inflación nacional.

Mientras otros se entretienen con intrigas menores, es momento de mirar hacia afuera. El mundo arde. Y pende de un hilo. Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

Share This Article
Leave a comment