Columna Mensajes
Gilberto Armenta Reyes
Territorio antes que reflectores o, si ves las barbas de tu vecino cortar…
Domingo 01 de febrero de 2026
En política, los gestos dicen tanto como las palabras. Y cuando ambos coinciden —el gesto firme y la palabra directa— el mensaje no admite confusión. En días recientes, la presidenta Claudia Sheinbaum ha enviado una señal clara a su propio movimiento: el trabajo político no se hace desde la comodidad del reflector, sino desde el territorio.
No es un llamado aislado ni un comentario al paso. La presidenta ha sido reiterativa y, sobre todo, enfática. Lo ha dicho desde la conferencia mañanera y lo ha reiterado en eventos públicos, como ocurrió en San Quintín, Baja California, donde con tono enérgico, incluso molesto, llamó la atención a diputadas, diputados y senadores que parecían más interesados en la parafernalia mediática que en la tarea de representación popular que les fue conferida.
El mensaje fue directo: menos selfies, menos protagonismo personal y más trabajo con la gente. Así de claro. Así de importante es.
Lo ocurrido en San Quintín no pasó desapercibido porque rompió con una inercia que se ha vuelto común en la política morenista: la búsqueda constante de exposición, la obsesión por la imagen y la narrativa personal por encima del contacto real con la ciudadanía. La presidenta no solo marcó distancia de esa práctica, sino que la descalificó de frente, con autoridad política y con una molestia visible que, lejos de debilitar su liderazgo, lo fortalece.
Ese tono -enérgico, firme, sin concesiones- habla bien de Claudia Sheinbaum como presidenta. No rehúye el costo político de corregir públicamente a los suyos cuando considera que se están desviando del objetivo central del proyecto: gobernar y legislar con y para la gente. En tiempos donde muchos líderes prefieren el silencio cómodo o la corrección privada, ella opta por el mensaje público y pedagógico.
Mire usted, lea esto como anotación al margen; hoy hay morenistas en el poder más preocupados por los contenidos que suben a sus redes, que por resultados tangibles de su trabajo. Hay otros que publicitan más sus columnas en diferentes medios de comunicación, que sus agendas de trabajo.
El contexto no es menor. Morena atraviesa una etapa de reacomodos internos que exige claridad en la conducción. La salida de Adán Augusto López como coordinador del grupo parlamentario en el Senado es parte de ese momento político. Más allá de nombres y cargos, el fondo es evidente: el movimiento requiere disciplina, cohesión y, sobre todo, presencia territorial real, no solo discursiva.
El llamado presidencial parece marcar una línea: quien quiera ocupar espacios de responsabilidad dentro del proyecto de transformación debe entender que el territorio no es una consigna, es una obligación permanente. No basta con aparecer en la foto correcta ni con replicar el mensaje en redes sociales; hay que ensuciarse los zapatos, escuchar, regresar, dar la cara.
Este estilo de conducción no es ajeno a la política local. En Sonora, por ejemplo, el gobernador Alfonso Durazo ha demostrado en distintos momentos que sabe ejercer el mando con firmeza cuando las circunstancias lo requieren. Este momento que la presidenta ejerce con autoridad, deberá ser aprovechado en el mismo sentido.
Su trayectoria le ha dado oficio y autoridad para ser enérgico, incluso de mano dura, cuando se trata de encauzar a su equipo o de corregir inercias que no abonan a la gobernabilidad ni al proyecto que encabeza.
El paralelismo no es casual. Tanto Sheinbaum como Durazo comparten una visión donde el liderazgo no se diluye en la complacencia. Ambos entienden que gobernar también implica marcar límites, exigir resultados y recordar, una y otra vez, que el poder público no es un escenario, sino una responsabilidad.
En ese sentido, los llamados de atención de la presidenta no deben leerse como regaños circunstanciales, sino como una definición de estilo y de rumbo. Un recordatorio de que el movimiento que llegó al poder prometiendo cercanía con el pueblo no puede permitirse desconectarse de él.
Porque al final, la política que se ejerce solo desde el micrófono se desgasta rápido. La que se construye en el territorio, en cambio, deja huella. Y ese parece ser, hoy por hoy, el mensaje central de Claudia Sheinbaum a su clase política: menos espectáculo y más trabajo. Mire usted, no podría ser más claro.
En Sonora, mientras nos enteramos de lo sucedió en San Quintín, la búsqueda de la selfie con la presidenta y el gobernador sonorense estaba corriendo. Yo espero que todas y todos los del movimiento morenista, hayan entendido.
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