Manual para desmantelar una nación

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Columna Archivo Confidencial

Armando Vpasquez Alegría

Manual para desmantelar una nación

Martes 3 de febrero de 2036

Veamos qué tan adelantados vamos, en estos siete años de la 4T, de conformarse en México un régimen socialista – populista. Cheque cada punto y dele un puntaje de valor del cero al tres. El valor más grande es el 30.

1. El ala burocrática: Del servicio técnico al comisariado

 La primera señal de alerta es la mutación del servidor público. En un sistema sano, la burocracia es la memoria técnica del Estado; bajo este régimen, se convierte en un brazo ideológico.

En México, hemos pasado de una administración profesional a una donde la lealtad es el único currículum válido. La desaparición de organismos autónomos y el recorte a la “burocracia dorada” no solo eliminaron excesos, sino que decapitaron la capacidad técnica del país. Cuando las decisiones sobre energía, agua o seguridad las toma un militante y no un experto, la ineficiencia deja de ser un error para convertirse en sistema. ¿El síntoma? Un Estado que gasta más, pero resuelve menos.

2. El área empresarial: La asfixia de la certidumbre

 El segundo pilar es la transformación del ecosistema productivo. El régimen no busca eliminar al empresario, sino domesticarlo. La constante es la inseguridad jurídica: las reglas cambian en la “mañanera” o mediante consultas populares de dudosa legalidad.

En el contexto mexicano, la inversión a largo plazo se ha congelado en sectores estratégicos. El Estado ha retomado un rol empresarial voraz, desplazando la competencia por el monopolio. El empresario local se ve forzado a elegir: ser un “enemigo del pueblo” o convertirse en un contratista dependiente del favor oficial (el capitalismo de amigos). La consecuencia es directa: un mercado que sobrevive, pero que no innova ni crece.

3. El ciudadano común: La trampa de la dependencia

 Quizás el punto más sensible es la mutación del comportamiento social. El régimen socialista-progresista busca sustituir al ciudadano con derechos por el beneficiario con necesidades.

A través de la transferencia directa de efectivo (programas sociales sin reglas de operación claras), se crea un vínculo de gratitud y miedo hacia el líder. En México, hemos visto cómo la narrativa de “justicia social” ha erosionado la cultura del esfuerzo. El ciudadano común, atrapado en una inflación que devora sus ingresos, termina viendo en el subsidio estatal su única tabla de salvación, lo que lo vuelve políticamente cautivo. La autonomía individual cede paso a una lealtad condicionada por la supervivencia.

4. Libertad de expresión: La verdad uniformada

 En un régimen socialista-progresista, la censura no suele llegar con soldados cerrando rotativas; llega con el estigma y la ley. La constante es la creación de una Hegemonía Comunicacional que utiliza los recursos públicos para amplificar la voz del régimen y asfixiar la disidencia.

En México, el fenómeno ha tomado una forma particular: el púlpito matutino. Desde ahí, se dictan los “otros datos”, se señala con nombre y apellido a los críticos y se criminaliza el ejercicio periodístico bajo etiquetas de “traición” o “conservadurismo”. La repercusión es la autocensura. Cuando el costo de investigar la corrupción es el linchamiento público orquestado desde el poder, la verdad se vuelve un acto de heroísmo que pocos pueden costear. La pluralidad se sustituye por un coro de voces pagadas que repiten una realidad que no existe fuera de la pantalla.

5. La nueva élite: El lujo de la revolución

 Una de las contradicciones más cínicas de este modelo es la aparición de la “Nueva Casta”. Mientras el discurso oficial exalta la pobreza como una virtud y la austeridad como una religión, los cuadros altos del poder y sus allegados comienzan a exhibir un estilo de vida que insulta la realidad del ciudadano de a pie.

En el escenario nacional, hemos visto cómo los apellidos en el poder cambian, pero los vicios se heredan. Contratos asignados directamente a amigos del régimen, familiares en posiciones clave y una opulencia que ya no se esconde detrás de la retórica proletaria. Esta élite se blinda mediante la impunidad; el sistema judicial se vuelve un filtro que solo deja pasar las faltas de los enemigos, mientras los escándalos propios se archivan bajo el sello de “seguridad nacional”. La justicia deja de ser ciega para volverse cómplice.

6. Educación: La siembra del dogma

Para que el modelo sea sostenible, debe capturar el futuro. La educación deja de ser el motor de la movilidad social para convertirse en una herramienta de adoctrinamiento. Se busca borrar la capacidad crítica y sustituirla por una identidad de “lucha” alineada con los intereses del régimen.

México no ha sido ajeno a esto. La modificación de los planes de estudio y los libros de texto gratuitos para insertar visiones ideologizadas de la historia es el ejemplo más claro. Al despreciar la formación técnica y científica en favor de conceptos abstractos de “conciencia social”, se condena a las nuevas generaciones a la mediocridad competitiva, pero se les asegura como base electoral cautiva. Un pueblo menos educado es un pueblo más fácil de gobernar mediante el dogma.

7. Salud: El costo humano

 En este modelo, la salud deja de ser un servicio técnico para ser una moneda de cambio. La constante es la destrucción de la infraestructura existente bajo la promesa de un sistema utópico que nunca llega.

En México, la transición hacia modelos centralizados ha dejado un rastro de desabastecimiento de medicamentos y hospitales sin insumos básicos. La “megafarmacia” y otros proyectos de relumbrón han fallado en cubrir el vacío de un sistema que antes, con sus fallas, funcionaba. La salud hoy se ha vuelto un privilegio: quien tiene dinero se cura en lo privado; quien no, queda a merced de una burocracia que administra la escasez. La muerte evitable se convierte en una estadística que el discurso oficial simplemente ignora.

8. Macro Finanzas: El suicidio por decreto

 La economía es la realidad que siempre termina por alcanzar a la ideología. La constante es el desprecio por los equilibrios fiscales en favor del gasto clientelar.

En nuestro contexto, el uso discrecional del presupuesto y el endeudamiento para sostener proyectos sin rentabilidad han puesto a las finanzas nacionales en la cuerda floja. La inflación, ese impuesto invisible, devora el poder de compra mientras se insiste en que “la economía va bien”. El riesgo es claro: cuando el dinero se imprime o se gasta sin respaldo productivo, lo que sigue es una devaluación que no distingue ideologías y que golpea, con mayor saña, a los que el régimen dice proteger.

9. Relaciones Exteriores: El ostracismo ideológico

La política exterior se reduce a un club de amigos. La nación se aleja de los socios comerciales lógicos y democráticos para abrazar regímenes con cuestionables récords de derechos humanos, bajo el escudo de la “soberanía”.

México ha pasado de ser un actor puente en el mundo a un país que se repliega, que evita las cumbres importantes y que utiliza su diplomacia para defender dictaduras regionales. Este aislamiento nos quita fuerza en la mesa de las grandes decisiones (como el cambio climático o el comercio global) y nos deja vulnerables a acuerdos de “puerta trasera” con potencias que solo buscan extraer nuestros recursos a cambio de apoyo político a la élite gobernante.

10. La perpetuidad: El fin del juego

 Llegamos a la piedra angular. Todos los puntos anteriores —la dependencia ciudadana, el adoctrinamiento, el control de medios y la asfixia económica— tienen un solo propósito: asegurar que quien llegó al poder nunca tenga que entregarlo.

La búsqueda de la perpetuidad en México se disfraza de “continuidad de la transformación”. Se ataca al árbitro electoral, se colonizan los tribunales y se debilita cualquier contrapeso que pueda decir “no”. La democracia se convierte en un ritual vacío donde se vota, pero no se elige realmente, porque el sistema ya ha sido inclinado a favor de un solo grupo. La alternancia, esencia de la libertad, se presenta ahora como un peligro, y la lealtad al líder como la única forma de patriotismo.

¿En qué estado se encuentra el país según su diagnóstico?

0 – 10 puntos: Democracia funcional con retos.

11 – 20 puntos: Alerta roja: Involución institucional en curso.

21 – 30 puntos: Régimen consolidado: Estado de excepción de facto.

 EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones… 

 Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com

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