Minorías sí, cúpulas no: la apuesta electoral de Lorenia Valles

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

Minorías sí, cúpulas no: la apuesta electoral de Lorenia Valles

Miércoles 28 de enero de 2026

La senadora Lorenia Valles defiende mantener la representación proporcional, pero exige que deje de ser un botín cupular y se convierta en un espacio verdaderamente ciudadano. La discusión también apunta a revisar el financiamiento partidista sin debilitar la pluralidad democrática.

El próximo periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión arrancará en febrero con una de las discusiones más sensibles del sexenio: la reforma electoral. No es un tema nuevo ni improvisado. Es el resultado de encuentros regionales realizados en distintos estados —incluido Sonora— donde funcionarios federales, gobernadores y legisladores delinearon los ejes que la presidenta presentará formalmente en los primeros días del periodo legislativo. Entre esos ejes destacan tres: financiamiento a los partidos, estructura electoral y representación proporcional. En este último punto, la senadora Lorenia Valles Sampedro dejó en claro su postura durante la reunión con el grupo de periodistas de Kiosco Mayor.

Valles definió el debate con una frase que resume toda la tensión política alrededor de los llamados “plurinominales”: “Yo estoy convencida de que deben existir espacios que garanticen la representación de las minorías, pero en ese sentido, sí es importante revisar cómo se llega a esos espacios”. No se trata de eliminar la representación proporcional, insiste, sino de corregir sus incentivos y devolverle la legitimidad que perdió al convertirse en patrimonio exclusivo de las dirigencias partidistas.

Su crítica es puntual: las listas cerradas de representación proporcional funcionan hoy como un monopolio de las cúpulas, que asignan curules sin que los beneficiarios tengan contacto real con la ciudadanía. Es un sistema que perpetúa lealtades internas, no representaciones sociales. Y la reforma que se aproxima busca romper esa dinámica: que los espacios plurinominales se asignen a quienes logren respaldo ciudadano directo, que acrediten trabajo político y no solo trayectoria de oficina.

Este cambio implica que las minorías seguirán teniendo espacios, pero ya no como producto de decisiones cupulares, sino como resultado de votos reales. Valles lo plantea como un requisito indispensable “por la salud de la República”, porque ninguna democracia se sostiene sin pluralidad, pero tampoco funciona cuando la pluralidad está secuestrada por élites partidistas.

El segundo eje de la reforma, el financiamiento a los partidos, también estuvo presente en la conversación. Aunque la senadora no ha detallado montos ni fórmulas específicas, sí ha respaldado la idea de revisar los 7,300 millones de pesos que hoy reciben las fuerzas políticas. Lo hace desde una lógica de austeridad y eficiencia, pero con una condición muy clara: reducir excesos sin ahogar a los partidos pequeños. Esto es crucial, porque en el debate nacional se ha intentado ligar la reducción del financiamiento con la disminución de plurinominales, bajo el argumento de “abaratar la democracia”. Y ahí es donde la senadora marca distancia.

Si se protege la representación de las minorías, dice, también deben protegerse las condiciones mínimas para que esas minorías existan. Defiende austeridad, sí, pero sin vulnerar la pluralidad política. Es un equilibrio complejo, porque mientras algunos impulsan recortes severos, otros buscan mantener privilegios intactos. La postura de Valles se coloca en un punto intermedio: eficiencia sin fragilidad democrática.

El tercer componente es la estructura electoral, donde se discute el papel del INE y los OPLES. Aquí la senadora trazó una línea roja contundente: la autonomía del INE no está en discusión. No se toca. Pero sí debe revisarse el funcionamiento de los organismos estatales para evitar duplicidades, mejorar coordinación y garantizar austeridad. La idea es que los OPLES continúen operando, pero integrados a un esquema más eficiente bajo supervisión directa del INE. Sin estructura estatal —sin ojos, manos y pies en cada entidad— no hay elección posible, y eso lo reconoce sin ambigüedad.

Detrás de estos tres pilares se encuentra la pregunta central de cualquier reforma electoral: ¿cómo fortalecer la democracia sin convertir la modernización en un pretexto para concentrar poder? La visión de Valles apunta a mantener contrapesos, legitimar la representación proporcional y revisar el financiamiento con bisturí, no con hacha.

En un momento en el que la narrativa pública suele confundirse entre discursos de austeridad, sospechas de partidocracia y acusaciones cruzadas, la senadora apuesta por un camino que intenta conciliar representación, eficiencia y legitimidad. El desafío será que esa postura sobreviva al choque de intereses cuando la iniciativa llegue al pleno.

Porque en el fondo, la discusión sobre plurinominales no es sobre escaños, sino sobre quién merece hablar en nombre de la ciudadanía. Y la respuesta —si dependiera de Valles— sería clara: minorías sí, pero legitimadas por votos, no por cúpulas.

La discusión apenas comienza. Pero si algo anticipa este debate es que lo que está en juego no son solo escaños o pesos: es el diseño de la representación política para la próxima década.

Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.

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