Columna Olor A Dinero
Feliciano J. Espriella
El Verde se sacude el papel de satélite y va por todo en Sonora
Lunes 12 de enero de 2026
El Partido Verde en Sonora acelera su estrategia rumbo a 2027: más votos, alcaldías clave y una relación con Morena cada vez menos dócil. Ya no se asumen como partido menor.
Durante años, al Partido Verde Ecologista de México se le ha mirado como un acompañante cómodo del partido en el poder: disciplinado, pragmático y, sobre todo, predecible. Pero algo está cambiando en Sonora. Y no es un matiz menor, es una redefinición estratégica que, de sostenerse, puede alterar la aritmética política rumbo a 2027.
La señal más clara vino de la voz de Sergio Augusto López Ramírez, dirigente estatal del PVEM, durante su participación en la reunión semanal del grupo de periodistas Mesa Kiosco Mayor. Ahí, sin rodeos, el Verde dejó claro que ya no se asume como actor secundario ni está dispuesto a seguir acompañando decisiones que considera contrarias a su crecimiento político.
Los números explican buena parte de esa nueva actitud. El Partido Verde en Sonora se ha fijado como meta alcanzar 150 mil votos en 2027, un salto relevante frente a su máximo histórico cercano a los 100 mil sufragios. Hoy, con alrededor del 9% de la votación estatal, cinco diputados locales —segunda fuerza en el Congreso— y 28 regidores distribuidos en distintos municipios, el Verde considera que su peso ya no es negociable a la baja.
Pero el proyecto no se limita a crecer en porcentaje. El objetivo es traducir esa votación en poder ejecutivo real, particularmente en municipios estratégicos. Hermosillo es la joya de la corona. Y ahí el mensaje fue explícito: el partido defenderá dentro de la coalición a David Figueroa Ortega y Omar del Valle Colosio como sus cartas para la alcaldía.
No se trata solo de nombres, sino de una lógica distinta de negociación. El PVEM plantea que las candidaturas deben definirse con base en encuestas, competitividad y peso electoral real, no por inercia ni por jerarquías partidistas heredadas. En otras palabras: ya no están dispuestos a sentarse a la mesa solo para levantar la mano.
Este reposicionamiento se explica, en parte, por la coyuntura política que vive Morena. López Ramírez fue enfático al señalar que los temas de no reelección y combate al nepotismo, impulsados desde el partido oficial, están generando una fuga silenciosa pero constante de cuadros políticos que hoy buscan nuevas plataformas para continuar sus carreras. Y el Verde aparece como un receptor natural de ese reacomodo.
La lógica es simple: al cerrarse los caminos tradicionales —la reelección automática o la herencia de cargos— muchos actores necesitan un vehículo competitivo, con estructura y posibilidades reales de triunfo. El PVEM, hoy segunda fuerza legislativa en Sonora y parte de una coalición ganadora, se presenta como una opción viable, no marginal.
Pero quizá el punto más relevante del mensaje político fue el deslinde claro en materia de reforma electoral. El Partido Verde no acompañará a Morena en dos temas clave: la reducción de recursos públicos a los partidos y la eliminación de las diputaciones plurinominales. No es una postura menor ni retórica. Es una línea política trazada con claridad.
Ese desacuerdo marca un antes y un después en la relación entre aliados. Porque una cosa es competir juntos y otra muy distinta es renunciar a una agenda propia. El Verde está diciendo, sin decirlo abiertamente, que la alianza no implica subordinación.
En el fondo, lo que está ocurriendo es un ajuste de estatus. El Partido Verde en Sonora ya no se concibe como un partido satélite, sino como una fuerza que exige trato equitativo, espacios y capacidad de decisión. Su dirigencia sabe que el crecimiento electoral solo sirve si se convierte en gobierno y en influencia real sobre las políticas públicas.
Si el Verde logra sostener esta narrativa, capitalizar la llegada de nuevos perfiles y convertir su peso legislativo en triunfos municipales, 2027 podría marcar el momento en que deje de ser un aliado cómodo para convertirse en un socio incómodo. Y en política, eso suele ser sinónimo de poder.
Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima.
