Columna Archivo Confidencial
Armando Vásquez Alegría
Hacia una tercera vía cultural
Viernes 9 de enero de 2026
EL PASADO MIÉRCOLES TRUMP retiró a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales incluyendo 31 entidades afiliadas a la ONU enfocadas en la promoción de equidad de género, cambio climático, migración, la llamada cultura woke fundamentada en lo que llaman justicia social y con banderas proaborto, eutanasia y cancelación total de la cultura conservadora.
No es la primera vez que el presidente realiza acciones similares, ya hizo recortes domésticos en programas de diversidad, equidad, inclusión, salud reproductiva (quitó los apoyos para que abortaran libremente), por considerarlas lesivas para la agenda “American First” que prioriza la soberanía nacional sobre compromisos globales.
La realidad es que tanto Trump como los gobiernos de derecha que quieren erradicar la cultura woke enfrentan un fenómeno que, como generadores de una contracultura, caminan más lento pues los gobiernos de izquierda sembraron y la víbora salió de su cascarón.
Para la conformación de una cultura se requieren tres fases:
Externalización, sembrar un pensamiento. Institucionalización: aparecen las normas, leyes y el lenguaje que la define (Ejemplo Él, Ella, Elle.) y por último Internalización, cuando la idea entra en la mente de los nuevos individuos a través de la educación y el entorno. Se vuelve normal.
Para que prospere de manera natural se requieren tres generaciones –cada una de entre 20 y 25 años—que empieza con la primera (en el caso woke hablamos del 2010-2012) que como generación fundadora logra más menos un 20% de arraigo al ser cultura nueva y cuya resistencia es alta. Los adultos todavía comparan el nuevo modelo con el anterior.
La segunda, o de transición (50%-60% de arraigo) nace dentro del nuevo sistema y para quienes ya es la “norma”, pero sus padres (la primera generación) aún les transmiten vestigios de la cultura anterior. En este lapso existe dualidad y se aceptan los nuevos modelos, pero aún hay capacidad de crítica porque se conoce el “antes” a través del relato familiar.
Y en la tercera (consolidada 85%-90% de arraigo), la cultura es incuestionable. No existe memoria viva de cómo era el mundo antes de estos modelos de pensamiento. Se asume que “así han sido siempre las cosas”. El lenguaje y los valores están totalmente integrados en la psique social.
Es decir 60-75 años naturales, pero, en estos momentos con las redes sociales y los algoritmos que aglutinan a los seguidores de temas y los unen, esos ciclos generacionales han disminuido entre diez y quince años de tal forma que la cultura woke va en su segunda etapa.
Una idea “transgresora” puede pasar de un individuo a millones de personas en 72 horas a través de TikTok o X. El algoritmo no busca la verdad sino el tiempo de permanencia de tal forma que para retenerte, te muestra lo que refuerza tus sesgos.
Ahora bien, las redes permiten que los “disidentes” se encuentren. Alguien con ideas conservadoras en un entorno progresista solía sentirse solo y se callaba (la “espiral del silencio”). Hoy, el algoritmo le dice: “Hay 5 millones como tú”.
Esto otorga validación y fuerza para salir a la luz, acelerando la formación de la contracultura woke que avanza a una velocidad nunca antes vista. Lo que antes tomaba 20 años naturales para manifestarse como un desafío político real, ahora está tomando de 5 a 7 años.
Así, quienes se oponen a la cultura oficial, no por valores morales, sino por el rechazo al control estatal y la ingeniería social de la dominante cultura woke son los llamados libertarios o bien, conocidos por manejar un liberalismo radical.
También están los racionalistas (escepticismo científico) que rechazan las teorías de identidad de genero o cuotas, basados en la biología o la meritocracia, sin ser necesariamente conservadores en lo religioso y están aquellos que abandonan las redes sociales –contracultura de la desconexión–, y el consumo de medios masivos como forma de resistencia a la homogeneización del pensamiento.
En conclusión: El algoritmo ha roto la estabilidad de las generaciones. Estamos en una era de “choque cultural permanente”, donde la cultura oficial y la contracultura luchan en tiempo real, sin esperar a que una generación muera para que la otra tome el mando.
¿Hacia dónde vamos, entonces, en esta polarización?
Aquí entra el fenómeno biológico de la homeostasis como metáfora iluminadora. En biología es el proceso por el cual los organismos mantienen un equilibrio interno ante perturbaciones externas —como regular la temperatura corporal o el pH sanguíneo— para sobrevivir y prosperar.
Aplicado a la sociedad, sugiere que ni el cambio radical woke ni la inmutabilidad tradicionalista son sostenibles solos; ambos extremos desequilibran el “cuerpo social”. Un mundo ideal requeriría una tercera vía: un equilibrio homeostático que integre lo mejor de ambos.
Esta síntesis no diluye ideologías, sino que las armoniza: empatía woke con la disciplina conservadora para la cohesión; innovación con raíces tradicionales para la estabilidad.
Por ejemplo, políticas educativas que enseñen respeto a la diversidad sexual sin imponerla como dogma pero permitiendo el derecho a los padres a solicitar que sus hijos no participen en ciertas actividades educativas o bien, enfoques ambientales que aborden el cambio climático sin sacrificar soberanía económica.
Y cómo, inspirados en el principio biológico de la homeostasis, podríamos encaminarnos hacia una tercera vía que beneficie a las generaciones futuras porque la cultura woke – o lo que quede de ella al caer los gobiernos de izquierda–, no se va a ir nada más porque sí.
La lucha se maneja en dos frentes, en las altas esferas como acciones de Trump, Milei y el nuevo orden derechista vs el impulso que le han dado los populistas, por un lado y por el otro, en las redes sociales por quienes están a favor y en contra.
Serán dos escenarios distintos que tarde o temprano arrojarán una nueva modalidad –pues las autoridades se rotan–, en la cual no habrá ganadores ni perdedores, sino una nueva forma de pensamiento que deberá arrojar lo mejor de cada bando, pensando en buen plan.
EN FIN, por hoy es todo, el lunes le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en Organizaciones…
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