El día que Washington abrió la puerta: Ucrania y Taiwán pagan la factura

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Columna Olor A Dinero

Feliciano J. Espriella

El día que Washington abrió la puerta: Ucrania y Taiwán pagan la factura

Lunes 5 de enero de 2026

La incursión militar de EEUU en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro reconfiguran el tablero: Si Washington rompe el candado del derecho internacional, Rusia y China pueden sentirse legitimadas para acelerar su agenda en Ucrania y Taiwán.

Hay frases populares que resumen siglos de conducta humana mejor que cien tratados. “De ver dan ganas” es una de ellas. Y el 3 de enero de 2026 el mundo “vio” algo que, además de artero e injustificable, puede terminar siendo contagioso: Estados Unidos lanzó una operación militar en Venezuela, capturó a Nicolás Maduro y anunció —con la serenidad con la que uno anuncia un cambio de aceite— que “por ahora” va a “administrar” el país.

No se trata solo del hecho bruto (ya de por sí grave), sino del precedente: el más poderoso decide que la soberanía ajena es un trámite, y que el derecho internacional es un adorno para conferencias. La ONU, por voz de António Guterres, lo dijo sin eufemismos: esto sienta un “precedente peligroso”. Y especialistas consultados por The Guardian sostienen que el argumento de “autodefensa” es, en el mejor de los casos, endeble; en el peor, una coartada para una acción ilegal.

Aquí viene lo que debería helarnos la sangre (y no por romanticismo legalista): cuando el árbitro patea la pelota y luego sanciona al que hace lo mismo, el juego se descompone. Y en geopolítica, “descomponerse” significa guerras más largas, anexiones más descaradas y crisis más difíciles de contener.

Ucrania: la guerra que no termina y la tentación de “ya ven, todos lo hacen”

Ucrania entra a 2026 con el conflicto aún abierto y con discusiones internacionales que asoman, otra vez, como “planes de paz” que pueden parecer más bien congelamientos convenientes para Moscú. En paralelo, siguen las tensiones por ataques de drones, acusaciones cruzadas y un clima donde cualquier incidente puede dinamitar negociaciones frágiles.

Si Estados Unidos se permite “resolver” un problema político capturando a un jefe de Estado extranjero y bombardeando su territorio; Rusia obtiene una ventaja narrativa inmediata: “no somos nosotros, es el mundo; no es agresión, es seguridad; no es anexión, es justicia histórica”. Ese tipo de propaganda no necesita ser verdadera: solo necesita ser repetible.

Taiwán: el ensayo del bloqueo y la doctrina del espejo

En el estrecho, China no esconde la presión militar. Hay reportes recientes de ejercicios de gran escala simulando escenarios tipo bloqueo, y Washington ha respondido con llamados a que Pekín cese esa presión.

Ahora imaginen la escena en Beijing: un politburó viendo a EEUU intervenir militarmente en América Latina, proclamando administración temporal y defendiendo el acto como “necesario”. El mensaje —aunque Washington no lo quiera mandar— es simple: cuando conviene, se hace; luego se racionaliza. Y Taiwán es, para China, el expediente perfecto para “racionalizar” cualquier movimiento: consideran la isla parte de su territorio, y sus ejercicios militares no son diplomacia; son pedagogía del miedo.

El mundo hacia dos hegemonías (y una era de cinismo)

La tesis de las “dos hegemonías” no es nueva; lo nuevo es la velocidad con la que se normaliza. Organismos como International Crisis Group advierten que 2026 pinta como un año duro en múltiples frentes, con Ucrania como herida abierta y Asia como zona de alta fricción.

Si a eso se suma un Estados Unidos que decide volver al manual de las intervenciones, y una Rusia y una China que ya tenían apetito, lo que queda es un planeta que se reparte por zonas de influencia: unos mandan de este lado; otros mandan del otro; y el derecho internacional se usa como paraguas cuando llueve, pero se guarda cuando estorba.

El pesimismo, aquí, no es pose: es lectura histórica. Cuando los grandes dejan de fingir reglas, los medianos y pequeños pagan la factura. Y cuando “de ver dan ganas”, lo que viene no es un mundo más seguro: es uno más brutal.

Por hoy fue todo, gracias por su tolerancia y hasta la próxima

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